SOPA DE RELATOS

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Tic Tac

Publicado por laindeba en Miércoles, 1 Julio, 2009

tictacLa plaza estaba repleta de gente. Todos alegres esperando el año nuevo.

Y aunque yo observaba desde lejos, desde muy lejos, aquellas personas de alguna manera estaban ligadas a mí; y no sólo por el binocular.

Pronto, cuando el reloj marcó el último Tic- Tac, dí yo al detonador.

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La Cadena: Aura

Publicado por yogursinsabor en Domingo, 28 Junio, 2009

El mismo escalofrío volvió a sacudirme… pero esta vez su recorrido fue hacía el pecho y bajé la mirada… un líquido transparente se adentraba hacía el canalillo ¿Alguien me había tirado agua o alcohol?
-         Seguramente alcohol… – llegué a esa conclusión en voz alta.
Dispuesta a secarme le eché un último vistazo a mi amiga. Se estaba divirtiendo. Aunque sospechara del chico, decidí ir en busca del baño para secarme y despejarme. No me costó encontrarlo, pues estaba en el propio pasillo que llevaba hacía la desembocadura de la escalera que conducía hacía la salida. Aun así, desplazarse hasta allí fue un verdadero coñazo; había que esquivar a los sobones, ignorarlos y abrirse paso entre la muchedumbre de gente. Tanta gente y el olor a humanidad me asfixiaban. Por primera vez en mi vida me alegré de estar en un baño público.
Me sorprendió que no hubiese nadie… normalmente, este es el escondite de las chicas para maquillarse y despotricar a la que roba el aliento a los chicos… Sí, demasiadas películas americanas ¿Verdad?
Abrí el grifo y me lavé con cuidado la zona superior del pecho. Cuando lo hice, busqué algo con qué secarme y me deslicé hacía los retretes. Que asco, solo en el del fondo había un rollo de papel higiénico… Me sequé ahí mismo. La puerta se volvió a abrir, cosa que me dejó indiferente hasta que oí una voz muy familiar:
-         ¡Oh… estar entre tanta gente me estresa!
Era Coral… no pude evitar sonreír. Estuve a punto de salir al pasillo, pero una voz aguda y punzante me paró:
-         A mí lo que me estresa es buscarlos… Solo hay uno y nos está dando bastante trabajo.
-         ¿A quien te refieres? – preguntó Coral – Yo no detecté a ninguno.
Algo me decía, que si salía… iba a pederme un acontecimiento grandioso… y aunque no me gustara espiar detrás de la puerta, me quedé escuchando. Estaba segura que la dueña de la otra voz era “Ewyn”:
-         Para alguien como yo… es fácil sentir la empatía de los demás, incluso sin son .Cuando Ian cantó… sentí varias sensaciones. Muchos no atendieron el significado de aquellas letras, pero sobre la sensaciones tan corrientes de lujuria, del embriego carnal, del alcohol y el desequilibro, estaban las reacciones que causó las letras de Ian.
-         ¿Crees que nos han descubierto por eso? – preguntó Coral, con voz seria.
-         Nos ha descubierto. – respondió con una serenidad que me cogió desprevenida; volvía a tener el vello de punta – Y está actuando rápido.
-         ¿Ya? – se alteró Coral – ¿¡Y por qué no me lo has dicho antes, imbécil!? ¡Tenemos que cogerle antes de que haga algo!
-         Lo sé, lo sé… pero hay un problema en todo esto.
-         ¿Cuál?
-         Es la amiga de la chica que estaba con Kagura. Si actuamos, tenemos que ser precavidos porque esa chica puede entrometerse inconscientemente.
Esperé a que “Ewyn” terminara de hablar para reaccionar… Me erguí… no entendía muy bien lo que estaba pasando pero lo poco que entendía es que algo pasaba con Aura:
-         ¡Maldito Kagura! – gritó Coral con voz ofuscada – ¡Mira que le aconsejé que la invitara a tomar un helado! ¿Es que no es consciente que no nos ha enviado Iván o Dala? Si se entera Hem le cortará los huevos.
-         No culpes a Kagura de esto… Nosotros no sabíamos lo que iba a pasar… podría ser cualquiera.
La última vez que había oído esas palabras fue cuando mis primos gemelos y mi tío murieron en un accidente de coche dos años atrás. Mi tío, ahora viudo, le echaba la culpa al alcohol que lo consumió aquella noche que su mujer lo había dejado en mi casa para que no condujera. Se culpaba por no haberse emborrachado hasta que mi padre le dijo las mismas palabras que “Ewyn” a Coral… ¿Eso significaría que algo malo le iba a pasar ha Aura? No pude evitarlo, salí de mi escondrijo con el miedo que reflejaba mi cara. Al alzar la vista… al otro lado del baño, junto a la puerta, se encontraba “Ewyn”, mirándome con aquella cara sin expresión:
-         Vaya – dijo.
Avancé hasta ella:
-         ¿Qué ocurre? – preguntó Coral, asomándose.
Cuando se encontró con mi cara dio un brinco hacía atrás:
-         ¿Lluvia? – preguntó con perplejidad – ¿Qué…?
-         ¿Has oído todo? – la cortó “Ewyn”, clavándome sus enormes ojos verdes.
-         ¿Qué le pasa ha Aura? – fue lo único que pude articular.
-         Lo ha oído – murmuró.
Las dos se quedaron en silencio… solamente a Coral se le veía apurada, intercambiaba miradas entre “Ewyn”, la serena, y yo, la confusa.
-         La cuestión no es que le pasa a tu amiga… sino es lo que le pasará si no actuamos rápido – dijo por fin la otra, con esa serenidad que se oponía al carácter de su amiga:
-         Lluvia ¿No? – la miré, mostraba una sonrisa nerviosa que pretendía tranquilizarme – Lo que quiere decir Eiwyn es que conocemos al tío con el que está tu amiga y no es muy aconsejable.
Era mentira…ella no la conocía. Algo pasaba.
-         Sabes mentir muy mal – le dijo la otra.
Coral le dirigió una mirada asesina:
-         ¡Lo siento por intentar tranquilizarla porque le hayas dicho que su amiga va a ser asesinada por un demonio si no hacemos algo!
Bastó con que pronunciara “asesinada” para salir corriendo. Aura. No, no podía perder a la única amiga que tenía… No podía permitirlo. Corrí en dirección donde dejé ha Aura con aquel supuesto asesino. Ya no vacilaba en pisar y empujar a alguien, me daba igual oír los reproches, oír como me llamaba a voz de grito Coral… me daba igual insultar ha aquellos que me paraban para preguntarme el nombre. Quería saber donde estaba mi amiga.
Y cuando llegué a la barra… y no les vi… supe lo que era sentir como el mundo se te venía encima… una oleada de desolación, de terror, me abrazó. Sentí mis ojos humedecer. Aura.

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siete pecados capitales

Publicado por tlon001 en Domingo, 28 Junio, 2009

 En la oscuridad un monstruo espantoso

Con ojos de buey y orejas de conejo se esconde

Esperando el momento oportuno para hurtar

Los bienes preciados ajenos. Es un animal multiforme

También lo  han visto como una serpiente con dagas por lengua.

 

 

El sapo engulle sin parar, la comida abunda,

Su hambre es insaciable y no tiene modales en la mesa.

Posee poca delicadeza.   Nadie lo detiene, muere atragantado

Con un durazno en la garganta.

 

 

La espada esta hecha del metal más ligero y   pulcro.

Piedras preciosas y labrados en oro adornan su empuñadura.

El caballero la luce, se pavonea y a todos   la muestra.

Sabe que es el centro de la atención y procura estar en boca de todos

Pero no vocifera que no sabe como usarla.

 

 

¿Me despierto o dormido quedo? Me levanto o echado permanezco?

¿Me baño o sucio quedo? ¿Me visto o desnudo    permanezco?

¿Me peino o despeinado quedo? ¿Me voy o permanezco?

La flojera tiene buenos argumentos Me convence y a dormir vuelvo.

 

 

Una abominable nube roja, arroja todo contra el suelo

Es un coloso,  ciego y eufórico.

Siente rencor y a todos odia. Se alimenta de sí mismo

y una eterna contienda Entabla

Con su rival más temida. La felicidad.

 

 

El malvado duende jamás esta satisfecho

Necesita de oro, monedas muchas más.

Engaña, destruye y mata por su tesoro mas preciado.

Su diminuto cuerpo es superado por su gran deseo

Sus ojos de las órbitas salen y queda hipnotizado

Por el brillo del precioso metal. 

 

 

La  serpiente lo seduce y el se deja llevar

Por la agridulce voz y su lengua bífida

Con gran velocidad se abalanza sobre él

Ya no puede escapar de su encanto

Ha caído en el sutil pero sofocante abrazo

de las bajas pasiones.

 

 

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La Carta

Publicado por sibisse en Domingo, 28 Junio, 2009

Querido M.P:

Mientras te escribo estas palabras, pienso a qué dirección enviaré la carta y como no la sé, creo que la meteré en el primer buzón que vea. Si algún día llegase a leerla algún desconocido, pensará que estoy loca, cosa que no puedo negar, ya que pienso que cada día la razón me abandona, porque hay demasiadas cosas que no logro entender por más vueltas que le de.

Te fuiste inesperadamente, sin decir nada, sin avisar. Te habías convertido en una de las personas más importantes que había pasado por mi vida. Siempre me llamabas para quedar, pasear o simplemente hablar. Y un día las llamadas cesaron y deje de saber de ti. Por mi cabeza rondaron mil excusas, tratando de justificarte pero el tiempo paso y la herida cerro, dejando una gran cicatriz.

Lo cierto es que últimamente, pienso mucho en ti, supongo que porque echo de menos alguien com quien hablar y compartir momentos, ya que la soledad se ha convertido en mi única amiga y parece no quererse ir. ¿Cómo es posible que en lugar donde viven ciento de personas, no haya nadie con quien hablar o pasear?. A veces pienso que la culpa es mía, que no sé estar entre la gente, me vuelvo torpe, más tímida de lo habitual y aunque trate de decir o hacer lo correcto, la naturaleza me doto de una torpeza que me hace vulnerable ante los demás y sólo soy capaz de decir y hacer tonterías, y por eso trato de pasar desapercibida. Pero ya sabes que lo que cuentan son las primeras impresiones y ya nadie te da segundas oportunidades. A todo esto hay que sumarle mi tremenda inseguridad por este cuerpo frágil y débil, herido por dentro y marcado por fura, hace que me cierre más en mi misma. Sólo contigo podía ser yo, nada me importaba, no habían miedos, ni inseguridades, ni complejos, no me empequeñecía ante los demás, no hacía falta salir corriendo.

Ahora todo se empieza a complicar, porque empiezo a envidiar lo que hacen los demás, sus historias, la gente a la que han conocido, los sitios a los que han ido, Porque yo no tengo nada que contar, mi pequeño refugio es también mi gran fortaleza de acero. Ni siquiera ya mi imaginación puede llevarme a mundos fantásticos donde soy la protagonista de mil historias y es que en la realidad solo soy una mera espectadora.

Te preguntarás a qué viene todo esto. Supongo a que me acostumbre a ti, a las risas, a los llantos, a las palabras, a sentir. Y si todo esto lo hubiese sabido antes seguro que me hubiese alejado para ocultar mis defectos bajo la sábana, ya sabes que es más fácil quejarse que buscar una solución que no conozco o no tengo a mí alcance. Pero tú te alejaste antes de que pudiera reaccionar.

Una vez dijiste que si realmente quieres o deseas algo, si lo piensas mucho vendrá hacía ti. Si los deseos fuesen oportunidades, le pediría a la vida la oportunidad de sentir, de vivir grandes aventuras y contárselas a quien quiera escucharlas. Y para acabar, gracias por todo, por esos pequeños-grandes momentos.

P.D: También pensé en meter la carta en una botella y arrojarla al mar, para que el vaivén de las olas, la lleve hasta una isla desierta, al de los sueños desterrados, ocultos y olvidados, como los tesoros de los piratas que surcaban los mares guiados por la ilusión de encontrarlos.

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Mis dos mujeres.

Publicado por daniloko en Viernes, 26 Junio, 2009

Sales del cementerio huyendo de ellas.

No conoces la paz

Ni el descanso

Sólo sabes que estás muerto.

Pero la pasión de tus mujeres va mas allá de la tumba

…¡Para tu eterna desgracia!

- ¡Ahí estás! – grita María, mientras da una calada a su cigarrillo recién encendido.

Haces girar tus células descompuestas.

Cada podrida fibra en ti grita…:

”¡Aléjate! ¡Aléjate!”

Apoyada en el árbol yace Carmen.

- ¿Dónde crees que vas?

Si pudieras vomitarías.

- ¡Ey! – grita María, a mis espaldas.

- ¿Qué estás haciendo? – le replica Carmen – yo lo ví primero: ¡Yo fuí la que aprendió vudú pa resucitarlo!

- Si, pero yo lo vi antes…¡Cuando estaba vivo! Se murió del susto cuando vió tus piernas peludas. ¡Pedazo de puta!

- ¡Tú lo mataste de aburrimiento con tu albúm de vacaciones en Formentera!

- ¡Bueno, no tenía buen aspecto cuando se comió tu pez espada a la francesa!

En realidad, crees que fué el humo de sus cigarrillos lo que te mató. Intentas alejarte de ellas tan rapido como te lo permiten tus piernas en descomposición. Ser zombi ya es horrible, pero con ellas…¡Siempre hay cosas peores que la muerte!

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El Bajo 2° parte

Publicado por laindeba en Viernes, 26 Junio, 2009

En aquel segundo yo temblaba. Pero vi por el rabo del ojo que efectivamente eran cinco hombres jóvenes los que tenía a sólo casi seis metros de mí. Así que volví a gritar con mucha más fuerza, pero esta vez de frente a la supuesta casa a la cual me estaba dirigiendo en mi monólogo; y arrojando el celular con rabia contra el piso, grito:

 -¡Baja cabrón!

-¡Mira lo que hago con tu puto bajo!…

 Y en ese instante, agarro mi instrumento querido, amor de mis amores, le saco su funda con rabia, lo tomo por los trastes, y en un acto de esquizofrénica demencia, comienzo a golpearlo incontables veces contra el suelo mientras seguía gritando:

-¡Mira! ¡Mira Infeliz!

- ¡Mira lo que le hago a tu pinche bajo!

 Mi respiración estaba muy agitada y sudaba muchísimo también; y arrojando mi bajo destrozado en dirección a los personajes, y cayendo de rodillas mirando hacia el piso como derrotado, termino diciendo:

-¡Qué mierda de vida!

 -¡Por qué!  ¡Por qué!

 -¡Yo te mato infeliz! Grite al final, mirando hacia arriba:

- ¡Yo te mato! Repetí.

 Mientras, y otra vez por la rabadilla del ojo, miré hacia donde estaban los hombres; y allí yacían a tres metros de mí. Se habían detenido.

 Unos apoyados en la pared, y otros con las manos en los bolsillos, mirándome de vez en cuando.

 Y cuando volteo para mirarlos de frente les digo:

 - Y ustedes, ¿Qué chingados me ven?…

 Uno comenzó a caminar hacia donde yo estaba, y todos lo siguieron. Y al pasar por delante de mí lentamente, mientras yo seguía arrodillado, y resignado además, porque según yo el asalto era inminente; el que venía más atrás me dice:

-¡Qué honda guey!

Y el que había avanzado primero, señala:

-Tranquilo guey; vamos pasando por acá nada más.

-Sí guey, ¡Mata a ese cabrón guey! ¡Y a la ramera de tu novia también! Dijo un tercero.

  Y alejándose la tropa lentamente, otro me grita riendo:

-¡Te salvaste guey eh!…

…Y me quedé allí, de rodillas y aterrorizado, con sentimientos revueltos de dicha, incredulidad, miedo, y un sinfín de sensaciones; y además, llorando de verdad.

Cuando ya casi no les podía ver de lejos, me levanté; miré mi querido bajo, tomé su funda de cuero casi como en un rito funerario, y torné mis pasos en dirección opuesta de donde habían desaparecido los hombres aquellos. Y a dos cuadras estaba la estación del metro.

 Al otro día volví a aquel lugar con mi hermano en su vehículo para remolcar el mío; si es que por alguna casualidad o milagro seguía ahí mi jeep. Efectivamente estaba en el mismo lugar; así tal cual como yo lo había dejado; y un poco más allá, yacía el celular destrozado y el cadáver del instrumento amado; por el cual yo la noche anterior, me había salvado.

 

Moraleja:

Lo siento por mi bajo; pero siempre en la vida, todo es a cambio de algo.

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Los amantes

Publicado por tlon001 en Jueves, 25 Junio, 2009

Él la besaba con pasión y deseo, puso las manos alrededor de su cintura, deslizó los dedos delicadamente hacia dos protuberancias redondeadas, erectas, llenas de matices térmicos, luego hacia su espalda fina y afieltrada.

Detuvo las manos unos instantes para besarla intensamente, como si no pudiera coordinar el cuerpo ante caricias labiales tan extáticas. Finalmente llego a su trasero tierno y acolchado, oblicuo, sexual y percutor de las fantasías más efusivas. Ambos empezaron a respirar con más intensidad, sus alientos se mezclaron y los labios y lenguas intentaban descubrir los secretos del otro.

El la tomó fuertemente entre sus brazos mientras jadeaba femenina y sutilmente, cerrando los ojos y frunciendo el ceño, deslizó la lengua sobre su cuello y luego subió con ella hasta las mejillas. Notó que estaban enrojecidas, respiró cerca del oído, ahí donde los nervios sensitivos generan adrenalina y liberan la endorfina ante el estimulo.

El aliento cálido tocó su fibra y la hizo estremecer. Él inspiró profundo pero la traquea se atoró esta vez, un fluido recorría desde los pulmones hasta la garganta con bastante celeridad, el cuerpo extraño, verde y pegajoso se escapó de la boca y fue a parar al pabellón de la oreja de su amada.

El verde mucoidal hacía juego con los aretes.

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¡Haz qué se callen! 5º

Publicado por vms8 en Jueves, 25 Junio, 2009

-¡Haz qué se callen! -gritó Alberto.

Sus gestos eran antinaturales, sus ojos sufrían un ligero estravismo y sus labios se tensaban cuando no habría la boca para hablar. Había perdido el norte, al igual que el resto de la ciudad. Gemía y lloraba mientras sus gritos de auxilio inundaban la calle.

-¡Joder, Alberto, reacciona! -trató Daniel, en vano, traer a su compañero a la cordura.

Alberto empujó entre sollozos a Daniel, quizás en un intento de pedir auxilio con más fervor. Daniel a su vez le respondió asestándole un puñetazo en el estomago. No lo hizo por el empujón, sino por la desesperación de no saber qué hacer. Había visto que con golpes a veces la gente se tranquilizaba y entraba en razón. O eso creyó Daniel. Pero fuera quien fuera el que hablara en su cabeza, fuese lo que fuese, le producía mucho más daño en esos momentos que cualquier golpe.

El joven comenzó a estirarse de sus ropas manchadas de sangre mientras se tiraba al suelo. Se sacó el zapato izquierdo y empezó a darse en la cabeza con este. Daniel supo que su compañero estaba perdido, así que, con mucho dolor, tuvo que dejarle.

Fue al darse la vuelta cuando los vio. Un grupo de personas paranoicas invadía la calle. Se dirigían con la mirada perdida hacía la escena. La procesión asustó a Daniel. Un sólo niño pudo hacer que su compañero perdiera la razón, ¿Qué podrían hacer con él un grupo entero de treinta personas? ¿Y si lo qué buscan es convertirle en un paranoico? Eso no podía permitirlo. Ya sabía que no era inmune, que podía caer en la locura de alguna forma, ¿Qué lo salvó la primera vez?

No tuvo muchas opciones, pero eligió la menos inteligente. Sin darle muchas vueltas se encaminó a su vehículo accidentado y se metió dentro echando el cierre centralizado. La masa de gente se acercaba a paso lento. Sus ropas estaban raídas y algunos sufrían heridas y cortes sobretodo en la zona del rostro. Todos tenían en la boca restos de sangre de haber vomitado y sus ojos se perdían en la lejanía sin estar reposados en un punto concreto. 

Al llegar a la altura del coche, ninguno de ellos reparó en Daniel. Agachado entre los asientos vio a los paranoicos evitar el obstáculo sin problemas, a pesar de que no se fijaban por donde caminaban. El paranoico que pasó más cerca era una joven de unos treinta años, estaba embarazada, y parte del cartílago de la nariz colgaba en una visión espantosa. Daniel recordó a la cajera y a los paranoicos del supermercado y como así mismos se intentaban abrir la cabeza con cristales u otros utensilios que tuvieran a mano. La chica, como el resto, tenía la boca abierta de par en par, y aunque no pudo escucharlo, Daniel estaba seguro de poder oír la interferencia emitida de forma colectiva.

Alberto seguía gritando y llorando en el cruce mientras se golpeaba la cabeza. El resto de paranoicos lo bordearon ignorándole, hasta que un joven de no más de quince años se agachó y en un giro brusco le partió el cuello. Alberto dejó de gritar para siempre. Tras la oleada de personas vino la calma. El cuerpo del joven se quedó tendido en el asfalto de forma grotesca.

Daniel bajó del coche y empezó a encaminarse calle abajo. En su camino se encontró más paranoicos formando grupos reducidos. No parecían prestarle atención, ni daban señales de saber que se encontraba presente. Llegando al centro urbano, se encontró el desastre. Los coches se apelotonaban por todas partes en accidentes colectivos, había fuego en varios puntos de la calle y se escuchaban explosiones en las calles paralelas. Los cadáveres se extendían en algunos puntos formando una alfombra macabra.

Daniel comenzó a llorar de pronto. No pudo reprimir más. Había visto demasiado en este día del cual ya ni recordaba que había desayunado. Se refugió en un portal y se desahogó. Su mente buscaba excusas para hacerle pensar que todo aquello no era real y que seguía soñando en aquel día de verano, donde las temperaturas rozaban los treinta y cinco grados y el aire olía a mar y costa. Al abrir los ojos se encontró dos paranoicos intentándose abrir paso por los vehículos, cadáveres y otros destrozos. Fue a salir en silencio de su improvisado refugio cuando a su lado cayó un hombre desde el edificio a su espalda. Al impactar el hombre reventó por dentro salpicando de sangre a Daniel.

-¡Dios mío! -exclamó Daniel.

Los paranoicos parecieron dedicarle una mirada furtiva, cosa que provocó la huida repentina de Daniel. Corrió todo lo que pudo tropezando con cuerpos y chatarra. Cuando no pudo más, anduvo el resto del camino hasta llegar a Caballero de Rodas con Chapaprieta. En la puerta de su edificio se hallaba un cuatro por cuatro de la guardia civil estrellado contra el portal. Dentro del vehículo los dos guardias se habían volado la cabeza con sus propias armas. Daniel cerró los ojos e intentó alcanzar una de sus pistolas tirada junto al freno de mano desde la ventanilla. Estiró a ciegas el brazo y tanteó hasta encontrarse con el frío tacto del metal, el cuál fue agradable en aquella calurosa mañana. Estiró suponiendo lo que estaba cogiendo, y fue cuando, sin saberlo, puso en marcha la radio de onda corta de la guardia civil. El susto hizo latir violentamente se corazón, lo cual no detuvo la búsqueda de un arma. Mientras tanto la radio emitía una frecuencia que ya había escuchado de boca de uno de los paranoicos. El sonido no era nítido pero fue inconfundible, se trataba de una onda de radio. Un dolor se instaló en la cabeza de Daniel que seguía tanteando a ciegas en el hueco que dejaban el asiento del conductor y el copiloto. La visión se le empezó a nublar por finas hebras de color negro, mientras en su cabeza la frecuencia martilleaba una y otra vez. Gritó una vez como último impulso en el que logró hacerse con el arma y salir de allí.

A ciegas logró meterse en su portal. La visión volvió a la normalidad y la cabeza dejó de dolerle al dejar de oir aquella retransmisión.

Víctor Manuel Sala.

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El Bajo 1° Parte

Publicado por laindeba en Martes, 23 Junio, 2009

Hola.Este fue mi primer relato largo.Lo escribí hace casi un año.Espero les guste.Saludos.

bajo2El Bajo

 

Usaré en extenso mi inseparable editor de palabras de Microsoft; Word.

 Miedo, Terror, espanto, pavor, pánico, horror.

Todos los sinónimos antes referidos, son poco para lo que sentí aquella noche. ¡Sí señor!, ya que por el significado en carne viva de los términos que acabo de escribir, hice algo que jamás creí poder hacer.

De regreso de casa de Gerardo, el baterista de nuestro grupo de música, amigo al cual se le ocurrió vivir en uno de los lugares más peligrosos de la ciudad perteneciente a un águila y un nopal; y cuando con mi vehículo había avanzado lo suficiente desde la casa de mi camarada como para volver sobre mis pasos; de pronto, mi fiel pero viejo jeep, comenzó a expeler humo negro.

 Y así, sin más, y justo cuando había hecho amagos para acercarme al borde de la vía, quedando prácticamente bien estacionado, mi auto quedó extinto.

 No conocía aquella calle; porque a tres cuadras de haber salido de la casa de Gerardo, tuve que desviar el curso habitual hacia casa, por arreglos de pavimentación en la avenida que frecuentemente utilizaba para el regreso.

 Con mis manos en el volante, y con cara de, Y ahora qué hago, me quedé unos instantes maldiciéndome a mi mismo, por no haberme quedado con Antonio y Ramón tomando cerveza en casa de Gerardo. Siempre venían conmigo, pues también son integrantes del grupo; y a 15 minutos de mi hogar, los dejaba en sus moradas. Pero esa noche no fue así, ya que quien escribe simplemente no quiso quedarse, argumentando  cansancio; pero en realidad fue y es, que el trago, cualquiera sea, no es lo mío; por cierto.

 Y allí estaba sólo, pensando en la estupidez de aquella decisión, y en lo peligroso de la actual situación.

 Intenté llamar a mi hermano, pero curiosamente el celular estaba con batería agotada; cuestión que rara vez ocurría, pero que justo aquella noche sucedió. Y mientras en esos asuntos pensaba, incontables veces intenté encender el motor del vehículo, pero sin resultados positivos. Entonces me dije; _Bueno, ha de ser las diez de la noche, es mejor que me vaya de aquí.

Pero yo llevaba mí bajo. Aparato amado desde hacía varios años, con en el cual me desempeñaba bastante bien como bajista.

 ¡Cómo adoraba aquel instrumento! Pero en la situación en la cual me encontraba aquella noche, ese elemento del alma llamaría mucho la atención. Pero bueno, volví a pensar; no pasará nada; de todos modos lo más probable es que abran el jeep.

 Y así, con esos pensares en mi inocente mente, bajé del vehículo con mi bajo guardado en su bella funda de cuero, y lo cargué en mi hombro cerrando las puertas del jeep. Luego, en el momento en que me doy vuelta para caminar hacia alguna avenida principal, me dí cuenta que aquella calle estaba absolutamente desierta; y observando hacia dónde dirigir mis pasos, veo que como a dos cuadras y por ambos lados de la acera, se acercan personas; dos entes por el lado en el cual yo me encontraba, y tres más por la vereda del frente.

Comencé a sentir una sensación helada en la espalda, la cual pronto de trasladó hacia mi rostro,  transformándose en un calor insoportable. El corazón empezó a latir muy rápido, y enseguida sin más pensé: estoy muerto. Y dando un giro rápido hacia el lugar opuesto desde donde venían aquellas personas; justo, se me cae el celular a tierra, el cual había guardado en el bolsillo de atrás de mi pantalón; y en esos segundos, en los cuales vi que en el suelo yacía mi teléfono medio desarmado por el golpe, escuché también que aquellos hombres corrían hacia mí y agachándome; tomo el aparato, y una idea impensada se me viene a la cabeza; y gritando como si hablara con alguien a través del comunicador, digo lo siguiente:

-¡No infeliz, No!

- Estoy aquí, fuera de tu casa…

 Y mirando hacia arriba, vuelvo a hablar más fuerte:

- Mejor baja ahora, para arreglar esto de hombre a hombre.

- Sé que estas con mi novia; te traje tu bajo. ¡Desgraciado!…

 En ese momento estaban más cerca aquellos seres, y por el miedo que sentí, lo último en gritar y medio volteado hacia ellos fue:

 -¡Y también traigo un arma, cabrón…!

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Anestesia Inconsciente

Publicado por laindeba en Martes, 23 Junio, 2009

 

…Y mientras se dormía en el quirófano, pensó en Dios. Pero cuando despertó, ya lo había olvidado.

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