SOPA DE RELATOS

Encuentra al escritor que tienes dentro

¿Quién pudiera madrugar más?

Publicado por xplorador en Jueves, 19 Noviembre, 2009

Me gustaría levantarme más temprano cada mañana para coger el tren y no utilizar el coche. Así podría cerrar los ojos bajo el agua caliente de la ducha, afeitarme y vestirme antes que hoy. Podría desayunar media hora antes, escuchando las mismas memeces de siempre con mi cerebro nublado por los velos del sueño. A pesar de que mis ojeras me lo agradecerían, no se trata de un extraño instinto masoca. Confieso que despegar cada mañana la cabeza del calor de mi almohada me parte el corazón.

Distintos factores geográficos y estratégicos me obligan a coger mi utilitario para desplazarme a la facultad. El tren no es una opción, no puedo madrugar más y acercarme a la estación. Digo que no puedo no por capricho o comodidad, lo digo porque realmente no hay estación. Aunque la hubiese, tampoco hay raíles lo suficientemente cerca como para que algún vagón se deslizase por ellos.

Recapitulemos, en un radio de 45 kilómetros no hay ni tren, ni raíles, ni máquina para sacar billetes y no digamos ya revisor, especie extinta en el nicho de los trenes de cercanías, así que mis opciones se restrigen a:

a) Vehículo automóvil particular, con cuatro ruedas y radio-casette.
b) Autobús del Averno, (también conocido como autobús del Apocalipsis Termonuclear o la Gua-gua Inexorable).
c) Burro-taxi, con simetría bilateral, frecuenta hábitats rurales y “typicall spanish”.
d) Teletransporte (aún en fase de pruebas).

Seguro que la opción a suena apetecible, incluso óptima, es más, quizás alguien piensa que estoy gilipollas por querer ir en tren y no en mi estupendo coche. Mi idiotez, al menos en lo referente a este tema, tiene explicación.

No son los atascos, ni los frenazos, ni los radares, ni las rotondas, ni los puñeteros badenes revienta cervicales, ni siquiera los chimpancés por puntos que andan sueltos lo que me llevan a preferir el tren al vehículo automotor. No.

Yo hablo de otra cosa.

Estoy rodeado de miradas ojerosas, tristes o resignadas, perdidas en la lejanía o centradas en algún punto del vacío. En Atocha un océano de cabezas me rodea. Los giratrenes se vuelven hacia su sol, un flamante tren Civia de Cercanías Renfe. Nadie ha ensayado los pasos, pero todos seguimos un caótico baile de autómatas que nos lleva al interior del gusano de metal. Asientos duros y grises nos enfrentan con amigos y desconocidos de toda condición. Se nos ofrece la posibilidad de evadir miradas indiscretas con un cuadro que cambia a cada instante a través de las grandes ventanas.

La única música es el silencio y el sereno rumor del acero deslizándose sobre acero, el chirrido y el traqueteo, los dulces compases de una melodía corporativa de la compañía ferroviaria. Algunos destacan por encima de los demás, pero casi nadie osa romper la armonía, el silencio pactado por todos nosotros, un puñado de personas anónimas que comparten algunos metros cúbicos de aire. Bajo esa música, decenas de acordes se suman para representar apenas un suspiro de la respiración de la ciudad. Risas, palabras que vuelan de acá para allá, el murmullo de algún I-pod, el relato de alguna historia de amor, de política o bien, alguna ley natural, vuelan en esta nube de algodón que es nuestro cercanías.

Los metros se suceden como segundos en un metrónomo, y mi mirada vaga tranquila por fábricas, torres de cristal o graffitis de colores imposibles. Las vistas son hermosas, pero los ojos de las personas que se sientan cerca mía relatan historias que merecen ser conocidas. Todos y cada uno de ellos se mueve y sonríe de forma única, todo lo que sienten, piensan y opinan es un misterio insondable, protegido por una muralla de anonimato y silencio. Pero estoy frente a ellos, unidos a veces nuestros ojos por una línea imperceptible que rompe las únicas fronteras que existen, aquellas que separan los universos en los que cada persona se ha convertido.

No sé cómo, pero a veces puedo comunicarme con ellos sin despegar los labios, puedo entrever su sonrisa o su mirada de mutuo entendimiento. Sus gestos y acciones son mensajes codificados que apenas dejan vislumbrar un atisbo de su alma. A veces estos reflejos son al menos tan hermosos como el cuadro que se desliza por la ventana.

Schopenhauer dijo que cada día es una vida en pequeño. Madruga y disfruta de la caótica sucesión de pequeñeces que el día te tiene preparada.

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Inspiración

Publicado por carretero18 en Miércoles, 18 Noviembre, 2009

De nuevo frente al ordenador… ideas vacias que carecen de sentido y de final pasan por mi mente, pero ninguna lo suficientemente buena como para escribir el perfecto relato que ando buscando.

Princesas, dragones, presos y soldados pasan volando por mi imaginación, pero ese personaje cuya personalidad y actos asombren al lector está aún lejos de ser encontrado.

Otro café, un par de cigarrillos y de vuelta a la mesa a continuar escribiendo.

Y entonces me doy cuenta de lo que ocurre: busco la inspiración, trato de forzarla a aparecer, pero no me doy cuenta de que la estoy tratando mal… Insulto a mi mejor aliado frente al público, y ella se niega a aparecer; no es un instrumento, es un amigo, y no puedo tratar de usarla sólo cuando me plazca… Debe acompañarme en mi día a día, tiene que ser un compañero, no una mochila que llevo a rastras para tratar de abrirla a mi imaginación cuando me convenga.

Así que ya sabeís amigos de sopa, no sois personas que escriben cada cierto tiempo plantandose ante una hoja y una pluma, sois escritores, y tenéis que vivir como tal. Inspiraros en carteles, en personas cotidianas que veis por la calle, buscar ideas en las cosas más tontas que podaís imaginar, pues allí residen las mejores ideas. Pero lo más importante: la vida no es un libro, pero la historia de la vida puede plasmarse en ellos.

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La magia, del beso, del verso

Publicado por trioalas en Martes, 17 Noviembre, 2009

Lo peor de haberlo vivido, es recordarlo
Saber que por tu piel pasaron sus manos
en tus ojos su reflejo, en los suyos tus sueños
caminan por tu mente dueños, de tu único presente
de su sabor envolvente.

La imagen de su mano en tu cara, mientras te mira
se acerca poco a poco y respira
notas su aire en tus labios, respiración, inspiración
tranquilidad, serena.

Pero cambia el tempo de la acción
y sus labios ahora salvajes
brotan de sus dudas infames
en ti el placer de abrazar
sus pequeños detalles

Reclamas su alma, como presente
te la entrega, domina tu vena
tu sangre sube, baja, no para
pero el ritmo es del beso
no piensas nada.

Calor y frío, su pelo se mueve
a veces me mira, a veces me duele
sentir transigir, su oro en mis manos
su luz encarnada, sus ojos helados.

En el blanco de sus ojos se asentaban mis raíces,
en su pupila marrón, brotaban sus deslices,
era entonces cuando desde su blanco
no llegaba al iris, quedaba en la raya
de lo que habla o simplemente calla.

De lo que te hace sentir, o de lo que estalla
de lo que es amor, o queda en tralla,
en el resto de una explosión temporánea
el resquicio de una acción arbitraria.

Es cuando:

El pasado de la mujer,
que inunda tu presente
se convierte en el pecado de saber
como fue, del amor, la muerte.

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Primera historieta

Publicado por garciavillanova en Domingo, 15 Noviembre, 2009

La mañana despertaba del profundo sueño que cada día la hace yacer en su colchón de tierra al otro lado del hemisferio. El horizonte se divisaba como una estampa casi tétrica, aun oscuro, como un negro telón ribeteado con el naranja de un alba frío, helador, paralizante, cuando Allan fue citado por su superior, un hombre serio, calculador y soberbio, aunque justo en el fondo. La empresa requería un representante ladino y sagaz que consiguiese mediante el diálogo obtener una serie de ventajas que permitirian la expansión de esta por distintas partes de Francia. El destino de Allan era Saint Lô, ciudad situada a un par de días al Oeste del París natal de Allan. Partiría al amanecer del día siguiente.

Ese amanecer tuvo lugar y tras un largo y pesado viaje envuelto en el traqueteo de las ruedas del carruaje, Allan llegó a Saint Lô. Su primera acción una vez hubo llegado, fue escribir una carta a su mujer, Renée, de morena cabellera y sedosa piel blanca, con el fin de anunciarle la tranquilidad del viaje y lo propicio de su llegada.

Tras quince días de duro trabajo y tensas negociaciones, Allan recibió una carta de Renée de la cual por su trazo y salpicaduras de tinta pudo ser conocedor del estado de ansiedad y pavor en el que se encontraba pues varios días atrás recibió una rosa empapada en sangre acompañada  de un puñal y un pequeño escrito en el que rezaba:  Serás tú nubil Renée, quien con este puñal desgarres el corazón de tu esposo.

Tras recibir y leer la epístola, Allan, líbido como la nieve, partió de vuelta sopesando si le habría ocurrido algo a su amada Renée, futura madre de sus hijos y motivación y sentido de su vida.

Por fin llegó, carente de descanso y sueño, a París donde a falta de tiempo corrió hasta su morada, ascendiendo los escalones que llevaban a la entrada de tres en tres. Abriendo la puerta con las manos temblando logró entrar en casa y llegar a la habitación donde él y su mujer dormían, y donde envuelta en un charco de sangre descansaba Renée, con el pecho atravesado por un puñal que destrozaba en tres partes un colgante de plata en forma de corazón que Allan le había regalado el día de su boda.

El terror pudo con ella…

Tras contemplar tan horripilante escena el corazón de Allan reventó sordamente, mas no de cansancio ni de nerviosismo, si no de amor y pena pues en ese hermoso colgante ahora roto y ensangrentado descansaba la verdadera esencia de su corazón carnal.

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Ninfas.

Publicado por tamaaar en Domingo, 15 Noviembre, 2009

Erase una vez, una joven ninfa, la cual era diferente al resto de sus compañeras, y por eso la rechazaban y se negaban a aceptarla como una más. La ninfa fue creando con hojas de sauce una pequeña manta, la cual al cubrirse con ella la rociaba en unas esencias que la apartaban de la realidad. Tal era su obsesión por escapar de lo que le hacia daño, que se creo su propio mundo al cual viajaba constantemente. Un dia fue a su placebo, aquel lugar donde se refugiaba, y solo ella podia ir, donde se rodeaba de sus pensamientos, sus sentiemientos y quedaba aislada de todo aquello que era absurdo, que dolia, que era real.. Y perdió la noción del tiempo, y la noche inundó aquel lugar, y con ella, el frio. La ninfa temblaba; al llegar alli, las preocupaciones desaparecian, y todo era bueno, simple y perfecto, pero la noche vino acompañada del miedo, el dolor, impotencia, envidia, desilusion.. La ninfa corria, y aunque la oscuridad le seguia, ella seguia corriendo, aun sabiendo que le iba a alcanzar. Era mas la angustia que sentia de pensar que podria quedar atrapada en la noche, que el miedo que le producia estar allí. Pero no se puede huir eternamente, y aunque ella corriese, la oscuridad seguia estando allí. La ninfa era fuerte, y lo sabia.

Un grito ahogado sono en todas las tierras, y hasta el mas pequeño de los seres fue capaz de escucharlo. Todas las ninfas, nerviosas y llenas de terror, corrieron hacia la luz que parecia haber desprendido ese horrible grito y vieron como la ninfa, a la cual habian rechazado, briillaba, era fuerte, elegante, magestuosa e imponente. Segura de si misma, ando con paso firme hacia las ninfas, que la miraban atonita. Entonces las miro fijamente, y sonrio para si misma.

Las ninfas sintieron como un punzante dolor en sus corazones aumentaba poco a poco, comenzaron a gritar, alguna de ellas retiraba la mirada de la Ninfa, pues el dolor cada vez era mas instenso, y asi, dejaban de sufrir. Pero otras aguantaban con lagrimas en los ojos, sentian como si una enorme espina saliese de su pecho, un dolor efimero que se hacia eterno. La punta de esa espina fue terriblemente dolorosa. Las ninfas rompieron en llantos, gritos de dolor inundaron el bosque. Ahora sonreian de tal forma que les producia envidia, ¿o tal vez era admiración? Comenzaron a brillar; y la oscuridad se apago, y ya no habia miedo, ya no habia intranquilidad, y la noche, volvio a ser dia.

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…Porque soy una nube

Publicado por champinon en Sábado, 14 Noviembre, 2009

Esta mañana me he vuelto a levantar sola, pero no me importa.

Miro a través de la ventana y veo la ciudad a mi alrededor. El humo contaminante de la central nuclear que tengo al lado de casa genera un bonito paisaje de grises, morados y amarillos en contraste con el cielo gris y lluvioso que cada día azota mi realidad, pero no me importa.

No puedo ir a trabajar hoy, me han vuelto a echar del trabajo, asi que creo que hoy me echaré un rato a ver la tele,… pocas cosas más interesantes puedo hacer, pero no me importa.

Como no tengo dinero, me cortaron la luz hace unos días. Vivo cuando amanece y muero cuando cae la noche. Y durante ese tiempo me dedico a ver la pantalla apagada del televisor. Pero no me importa.

En ella veo a los políticos corruptos que son elegidos año tras año, veo también todos los niños muertos que hay cada pocos segundos, me da tiempo a reflexionar sobre consumismo, el terrorismo y todas las diferencias que acaban en -ismo. Pero no me importa.

Me levanto y voy a mirarme el espejo. Las ojeras me caen como cataratas salvajes rozando mi cara, mis brazos flácidos y delgados, imágen explícita de mis problemas alimentarios. Esos moratones por todo mi cuerpo,… Mi vista se dirige de nuevo a mis cuchillas depilatorias. Tanto tiempo pensando en la mejor manera de usarlas, pero ya no me importa.

Llaman al timbre. Es él, de eso estoy segura. Entrará por la puerta y tratará de aprovecharse de mí. Es un capullo, no me trata como debería. Me cuesta levantar el teléfono y llamar a la policía. Me encantaría coger un cuchillo y terminar con mi sufrimiento, pero estas cosas ya no las hago,… porque no me importa.

Esta noche, cuando me duerma, me daré cuenta una vez más de que todo habrá vuelto a acabar. Y de nuevo me daré cuenta de que, en realidad, ya no me importa. Porque, cada noche,… me convierto en nube.

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Buenos dias Sábado

Publicado por elsintoma en Sábado, 14 Noviembre, 2009

Era sábado, me desperté tarde como de costumbre y vi entrar por mi ventana la luz cálida de una mañana aventajada en horas de vigilia. Haciendo un esfuerzo, que en aquel momento me parecía sobrehumano, levanté mi edredón dejando escapar ese calor templado que vale más que cualquier tesoro del mundo en un despertar. Busqué mis zapatillas de casa con un pie temeroso de rozar el suelo, algo que debí asimilar que sucedería antes de bajarlo sin mirar, y las encontré donde a nadie le gusta encontrárselas, en el otro extremo de una habitación con ese suelo de mármol que parece mirarte pensando algo así como “¿Qué? Yo también tengo derecho a darte los buenos días”, así que tomé aire y me lancé a la carrera para volver tan aprisa como pude a mi campamento base de tela, látex  y por supuesto, mi pequeño botín calorífico. Pero ya no era lo mismo, mi calor templado se había destemplado así que empecé a arrastrar mis zapatillas por el suelo, como intentando lijarlo hasta la cocina, cogí un par de mandarinas y pulí otro trecho hacia el salón donde me dejé caer pesadamente en mi sofá favorito. Ante mi tenía una televisión aún mas dormida que yo por lo que decidí dejarla descansar un poco más mientras disfrutaba mi zafarrancho, despojé a la mandarina de su cáscara y me llevé las manos a la nariz para olerlas. Tenían, como siempre, una fragancia dulce pero ligera, uno de esos olores de los que nunca te cansarás por muchos años que pasen .Me abstraía viendo las luces que reinaban en mi salón, sutilmente doradas, luminosas, que dejaban entrever un cielo azul lleno de vida y promesas sobre el nuevo día, al mismo tiempo que disfrutaba del silencio tranquilo que inundaba  la sala.

Seguro que se te ha pasado por la cabeza algo así como “El silencio antes de la tempestad” ¿Cierto? Pero ese día era sábado y estaba deseando bailar bajo la lluvia…

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Sueños (y IV)

Publicado por zadel88 en Viernes, 13 Noviembre, 2009

-Abro los ojos-
(Estoy en un mundo blanco, no hay suelo, sin embargo, tengo los pies apoyados en algo…)
-Todo es blanco, miro hacia abajo, me siento mareado y no hay suelo, pero mis pies sienten algo… puede ser un piso blanco, que se funde con el resto del entorno-
(¿Estoy solo?)
-Miro mis manos, son grandes, más de lo que recuerdo, soy un gigante, de color dorado, y líneas blancas cruzan mi cuerpo lentamente, como si fueran olas en un mar tranquilo-
(¡¿Estoy solo?!)
-Miro a mí alrededor, no hay nadie… empiezo a caminar por un sendero que no puedo ver, mis pies se mueven solos-
(¡ESTOY SOLO!)
-Mientras camino miro a los lados, y hacia atrás esperando ver a alguien siguiéndome, alguien observándome… no veo nada-
(Me siento extraño… parece que alguien observa)
-Sin darme cuenta, algo me detiene, una mano suave, tan grande como la mía, mismo color, al observar a su dueño… me doy cuenta que identifico en la figura a una mujer, es hermosa, igual que yo, hecha de pureza, que casi… casi se difumina con el entorno-
(Pero… ¿Qué es?… no se ve… humana)
-No es humana, es una cara con ojos que se confunden con el resto del cuerpo, los mismo pasa con su boca y nariz. En su cabellos dorados con ondas de líneas blancas marcan el contorno de esta extraña cara, en su cuerpo identifico la forma de una mujer… es hermosa-
(Es… hermosa… perfecta)
-Este ser me abrazó con cariño, y yo respondí-
(Somos uno… no son necesarias las palabras ni las sensaciones… todo se… percibe)
-Todo se percibe, es simple, ahí está, solo esperando a que confíes, que mires adelante, y confíes, entonces, lo encontrarás-
(Así somos todos más allá del mudo conocido)
-Nos amamos, solo lo siento, es perfecto-
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-Fue perfecto-
-Qué hermoso… ¿Cuándo soñaste eso?- me dijiste anidándote bajo mi hombro
-Hace mucho. Fue una señal para ser paciente… y dio resultado- Respondí abrazándote con cariño
Nos reímos con calma, y volvimos lentamente al mundo de los sueños.

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11.

Publicado por vicky02 en Viernes, 13 Noviembre, 2009

He de admitir que hace tiempo que el dolor es más llevadero, que esa presión en el pecho constantemente ahora es intermitente y que ya no estoy tan pendiente de que el rimel se me corra por culpa de las lagrimas, muy pocas veces lloro. Hace tiempo que he empezado mi vida de nuevo, con algún que otro cambio, pero la he empezado yo SOLA de cero. Me he obligado durante varios meses a levantarme y a sonreír aunque no tuviese ganas de nada, a crear una falsa realidad para que la gente que me importaba no se preocupara, a parecer feliz… Hoy he decidido cambiar mi frase de “menuda mierda, otro día más aquí” por un simple “feliz día 11” aunque lo hubiese dicho sarcásticamente por un momento me había sentido verdaderamente bien, por un momento había creído que todo había sido un mal sueño .Pero de pronto el dolor, la presión en el pecho y las lagrimas se apoderaron de mi.

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