Desorden de identidad de la integridad corporal
Llorando. Estoy llorando. Delante del espejo. Lloro y las lágrimas caen como chorros por mis mejillas. Mi boca se deforma con mi llanto. La veo y me avergüenzo de mí mismo. Pero sigo llorando y mirándome en el espejo. Me acerco para ver más de cerca cómo las lágrimas salen de entre mis párpados semicerrados.
Qué asco.
Me estoy dando asco. Verdadero e innecesario asco. ¿Por qué lloro?, se preguntará más de uno. La respuesta es fácil. Mi mente no funciona bien. En otras palabras. Estoy loco. Loco. Acabo de darme cuenta de que hace unos quince minutos me he rebanado uno de mis dedos con unas tijeras previamente afiladas. Y no sé porqué lo he hecho. Estoy loco.
Loco.








