Mente Demente
Si alguna vez te has preguntado qué se siente al ser diferente no busques una respuesta. Te sientes muy desgraciado, tanto o más que yo.
Todo comenzó cuando las autoridades sanitarias descubrieron que yo lo era, y por ello fui injustamente castigado. Sólo por ser diferente.
Una enfermera que no paraba de tirar guisantes verdes y amarillos a los pacientes me delató. Al parecer la reacción normal era la de tirarse a por ellos, y pegarse contra todo aquel que intente quedárselos. Obviamente mi reacción no fue esa, sino la de llevarme la mano a la cabeza y frotármela, pues el guisante estaba congelado y dolía mucho.
Tras un test exhaustivo, los médicos dictaminaron que debían encerrarme junto con las demás personas de mi índole. En el manicomio yacía mi nuevo hogar, y digo yacía pues era una cuadra rodeada de verjas, con el suelo lleno de paja.







