SOPA DE RELATOS

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La voluntad de no poder


La valla… La veo. Por fin.

He pasado mucho tiempo intentando salir. Por fin la valla.

He estado dos meses encerrado en este perímetro desértico en medio de la nada. Según mis cálculos, mide más de cien kilómetros de largo. Lo cual es más de lo que podía imaginar antes de llegar aquí y recorrerlos a pie. Dos meses.

¿Sabías que en el desierto hay vida a raudales? Pero sólo sale de noche. Montones de animalitos, lagartos, insectos, incluso algún ave, salen de noche y hacen su vida. Ha sido muy difícil cambiar mis hábitos, y de día no podía dormir, porque me abrasaría. Así que de día andaba a ritmo muy lento, para no deshidratarme, y de noche intentaba cazar y beber algo de líquido de los cactus. Apenas podía dormir un par de horas al alba.

Ha sido muy difícil.


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Mr. Pípez


… Ahí estaban…

…Podía verlos…

Sus miradas se cruzaban, los cuatro sentados, mirándose entre ellos… una pelusa pasó por el círculo formado por los cuatro chicos, la pelusa dejaba tras de sí una estela de colores. Sus ojos no se desviaron. Seguían mirándose como si esperaran que pasase algo. Uno de ellos movió la boca, lástima que no pudiera oirles.

La pelusa de colores seguía revoloteando dejándolo todo manchado de su prísmatica composición. Cuando la pelusa finalmente se fue revoloteando lejos los cuatro miembros del círculo se pusieron a cuatro patas y empezaron a morder el suelo, del cual empezó a brotar sangre. Un grito desgarrador se oyó por todas partes…

…ya había visto suficiente…

Empecé a alejarme poco a poco, viendo cada vez más pequeñas las cabezas de este curioso grupo, me alejé hasta que sólo fueron diminutos puntitos para mis ojos.


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Amor prohibido.


Mientas hablábamos de un tema totalmente intrascendente, rodeados de gente sin rostro que oía nuestra conversación con la misma atención con la que oían el pitido de las puertas del tren, la voz anónima de información del cercanías y los bostezos del autómata de enfrente, nuestros ojos decían cosas mucho más interesantes que nuestras cuerdas vocales.

Cada uno, por nuestra cuenta, nos inventamos un lenguaje clave que resultó ser el mismo, y nos entendíamos aunque queríamos pensar que no, que todo eran imaginaciones, malas pasadas de nuestro obsceno subconsciente.

Cualquier señal obvia que alguno se atrevía a lanzar era totalmente omitida y borrada de la memoria del otro…hasta que se encontraba solo y todo aquello que olvidó lo volvió a recordar, mordiéndose el labio intentando ahogar la realidad, esconderla, camuflarla. Es triste construirte una verdad falsa y obligarte a seguirla día a día, intentando creértela.


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