SOPA DE RELATOS

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Donde crecen los jardines


Hace dos días que no probamos ni gota de agua. Llevamos vagando mi tribu y yo sin rumbo fijo, en busca de un oasis o de un milagro. Aunque tal vez el milagro sea que aún nadie ha muerto de sed, o que nadie ha perdido la esperanza.

Ya casi no puedo más. Cada vez me pesan más los pies, hinchados de ser arrastrados por la arena. Miro a mi alrededor. Muhsin me sonríe, dándome un poco de su aliento.

Cae la noche, haciéndose patente su frío. Una anciana y un señor muy alto empiezan a dar vueltas alrededor de una piedra mientras entonan un antiguo cántico, tratando de  llamar a la lluvia. Pero la lluvia no vendrá.

Amanece un nuevo día junto con una desgracia. Uno de los ancianos, Abdel Razzâg ha fallecido. Con tristeza nos despedimos de él. No pude evitar respirar aliviado al darme cuenta de que sólo había muerto una persona en tres días.


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El castillo de Dolbadern


Estamos en Snowdonia, situado entre las montañas de North Wales, Inglaterra. Día desconocido, mes desconocido. Año, también desconozco.

Soy Owen, el príncipe Owen Gough. Mi propia patria me ha encerrado aquí, en el castillo de Dolbadern. ¡Como si a éste zulo situado en lo alto de una almena se le pudiera llamar castillo!

También desconozco el motivo por el cual me encerraron. Dos sirvientes me traen la comida y ropa limpia. Nunca me hablan. Les han debido dar órdenes para no hablarme, para aislarme completamente del mundo.

Mi único entretenimiento es asomar la cabeza por los fríos barrotes. Es invierno, otra vez. Algunos días veo algún animal deambular por la nieve. Un conejo corretea por aquí y allá, escarbando con sus patas delanteras en busca de alimentos, o veo un ave sobrevolar la zona cautelosamente. Pero no me suele gusta mirar a través de los barrotes. A menudo diviso buitres dando círculos en el aire. ¿Tan mal se me ve desde ahí arriba?


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En Vías de Putrefacción #1


(Este relato lo empecé hace mucho y lo terminé hace poco. Se compone de doce capítulos e intentaré poner uno cada día. Espero que os guste)

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Estoy en la calle. Más concretamente, en un callejón. Oscuro, como de película. De hecho, muy probablemente los directores de las películas sobre callejones oscuros se inspiraran en este mismo. Incluso algún director de películas gore se podría basar en lo que hay aquí. No es que haya hecho nada que no haya hecho antes. Pero reconozco que esta vez he sido un poco más… bestia. Pobre criatura. Tan joven. Mmm. Me encantan jóvenes. Ésta, en concreto, era tan tierna que aún no tenía ni pelos en su dulce chochito. He disfrutado, oh, sí.


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Carta al señor


Querido Dios.

Te escribo para preguntarte por qué no haces caso de los rezos de mamá y míos. Sé que tienes que estar muy ocupado, pero no pedimos mucho, solo un poco de tu atención. He pensado que, como regalo de mi sexto cumpleaños podrías leer esta carta, para mí sería muy importante.

Mamá no deja de llorar por las noches, creo que está triste porque mi nuevo papá juega muy a menudo a las peleas y a veces se le escapa la fuerza y le hace daño, como cuando Nicolás y yo jugamos en el patio y el me retuerce el brazo. Además, nuestro nuevo papá hace mucho ruido por las noches y me cuesta dormir, ya que siempre se le cae algún vaso o arrastra las mesas del comedor. También me gustaría que me explicaras por qué muchas veces mamá tiene que ir al médico a decir que se ha caído por las escaleras.


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