Donde crecen los jardines
Hace dos días que no probamos ni gota de agua. Llevamos vagando mi tribu y yo sin rumbo fijo, en busca de un oasis o de un milagro. Aunque tal vez el milagro sea que aún nadie ha muerto de sed, o que nadie ha perdido la esperanza.
Ya casi no puedo más. Cada vez me pesan más los pies, hinchados de ser arrastrados por la arena. Miro a mi alrededor. Muhsin me sonríe, dándome un poco de su aliento.
Cae la noche, haciéndose patente su frío. Una anciana y un señor muy alto empiezan a dar vueltas alrededor de una piedra mientras entonan un antiguo cántico, tratando de llamar a la lluvia. Pero la lluvia no vendrá.
Amanece un nuevo día junto con una desgracia. Uno de los ancianos, Abdel Razzâg ha fallecido. Con tristeza nos despedimos de él. No pude evitar respirar aliviado al darme cuenta de que sólo había muerto una persona en tres días.








