En Vías de Putrefacción #3
(Aquí está el capítulo 3. Si os quedásteis sin saber qué pasaba, aquí tenéis el anterior)
.
Estoy en la iglesia. Un pequeño cuchitril en medio de la ciudad. Con sus escasos seis ó siete bancos y un pequeño altar, este antro apenas logra convencer a cuatro viejas de que vengan de higos a brevas a rezar por sus maridos enfermos o muertos.
¿Qué busco? Busco el perdón. He pecado, y como pecador, he de confesarme. El cura tiene un aspecto bastante desaliñado, con el pelo negro teñido, y la cara que, pese a mostrarse delgada, tiene colgando una pequeña papada. Unas pequeñas manchitas blancas adornan la sotana, a la altura de la cadera. El confesionario da verdadero asco. Cuando me siento, noto que lo he hecho encima de algo pegajoso. Tampoco es que me importe demasiado.
- Hola, padre.







