SOPA DE RELATOS

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En Vías de Putrefacción #3


(Aquí está el capítulo 3. Si os quedásteis sin saber qué pasaba, aquí tenéis el anterior)

.

Estoy en la iglesia. Un pequeño cuchitril en medio de la ciudad. Con sus escasos seis ó siete bancos y un pequeño altar, este antro apenas logra convencer a cuatro viejas de que vengan de higos a brevas a rezar por sus maridos enfermos o muertos.

¿Qué busco? Busco el perdón. He pecado, y como pecador, he de confesarme. El cura tiene un aspecto bastante desaliñado, con el pelo negro teñido, y la cara que, pese a mostrarse delgada, tiene colgando una pequeña papada. Unas pequeñas manchitas blancas adornan la sotana, a la altura de la cadera. El confesionario da verdadero asco. Cuando me siento, noto que lo he hecho encima de algo pegajoso. Tampoco es que me importe demasiado.

- Hola, padre.


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El ¿último? mensaje de Yaveh


(Niño, enciende esto, que voy a comunicarme.)

(‘Zummm’.)

(‘Top’, ‘top’, ¿Hola? ¿Hola? Sssí. Funciona ya, ¿no? Vale, vale.)

¡Humanos! Esteee… ¡Soy Dios otra vez! Eeeh… ¡Oídme bien!

(Sube el volumen, chico, y pon más reber, que da más yuyu.)

¡Hombres y mujeres! ¡El fin del mundo! ¡El fin del mundo no ha llegado aún!

(Más reber, más.)

Hace poco me dirigí a vosotros, diciéndoos que el fin de toda vida se acercaba. ¡Pues bien! ¡Veréis que soy un dios de misericordia! ¡He decidido perdonaros!

(Que sí, que sí, ya voy…)

Eeeh… ¡Bien! Aquí hemos retocado el presupuesto. ¡Vais a poder vivir, humanos! ¡Aleluya!

(Ya, ya, lo de aleluya queda muy flipado, pero… ¡Bueno, tú a la tuyo, chaval!)

Este… ¡Como os decía! Nos hemos ajustado el cinturón. Ahora podréis vivir. ¡La crisis también afecta al cielo! Pero os hemos quitado algunas cosillas. ¡Sólo una, en verdad! Pero creedme, no es importante comparado con vuestras vidas.


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