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Archivo de 1/09/08

DESTACADO DE JULIO

Publicado por Lascivo en Lunes, 1 Septiembre, 2008

Damos la bienvenida al primero de los relatos Destacados. Fue escrito por Lascivo, y publicado en este blog el día 26 de Julio de 2008. Ganó la votación con un 38′9 % de los votos.

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PACIENTE NÚMERO 214

17:35 horas. Décima sesión.

Paciente: Techo.

Problema: Leve depresión debida al enamoramiento no correspondido.

- Buenas tardes, señor Techo.

- Hola, buenas tardes.

- Pase, pase. Póngase cómodo. ¿Quiere tomar algo? Mi secretaria ha traido unas galletas, caseras, hechas por ella, que están de muerte. Sírvase.

- Oh… muchas gracias.

- Bien, sr. Techo, ¿cómo se encuentra hoy?

- Bueno… No muy bien, la verdad.

- Cuénteme, ¿qué le ocurre?

- Es que… No puedo más, doctor. La veo siempre. Durante todo el día. Está delante de mí y no soy capaz de decirle nada.

- Estamos, de nuevo, hablando de la señorita Suelo, ¿verdad?

- Sí, sí. No paro de pensar en ella. Está frente a mí día y noche. A veces me pilla mirándola… Y las paredes ya están empezando a cuchichear entre ellas. Saben mucho, ¿sabe? ¡Ay, si las paredes hablasen!

- Verá, sr. Techo. Bajo mi punto de vista, creo que debería usted vencer su timidez e intentar hablar con la señorita Suelo. Lo hemos hablado usted y yo miles de veces, ¿me equivoco? Un simple “buenos días” bastaría. No es necesario más.

- Ya, ya. Lo sé. Pero es que, ¿qué le voy a decir? ¿Y si se ríe de mí? Mire, cada vez estoy más convencido de que nuestro amor es imposible. Creo que jamás la alcanzaré. Siempre nos separarán más de dos metros de aire.

- Mire, sé que las relaciones a distancia pueden ser difíciles. Pero si se saben llevar, no tiene porqué haber ningún problema.

>> Caballero, quiero que impongamos una meta. Una meta que vamos a alcanzar. No es necesario decir un día concreto.

- ¿A dónde quiere usted llegar, doctor?

- Verá, quiero que, en el tiempo de una semana, hasta nuestra próxima sesión, usted le haya dicho algo a la señorita Suelo. Al menos un saludo, lo que sea. Y la próxima vez que venga aquí, quiero que me diga cómo se sintió. ¿De acuerdo?

- …

- ¿De acuerdo, sr. Techo?

- Bueno… Vale. Pero sólo un saludo. ¡Nada más!

- Claro, de acuerdo. Sólo saludar. Por cierto, siempre he tenido curiosidad, ¿por qué se enamoró de Suelo?

- ¿Que porqué? ¡Es el más maravilloso de los soportes! ¡La más perfecta de las fracciones arquitectónicas! ¿No es usted consciente de lo bella que es? Incluso cuando la manchan, aunque la pisen. Siempre la querré.

- Ya pero… son ustedes muy distintos, ¿no?

- Sí, ¡claro que lo somos! Pero ¿no sabe usted que los contrarios se atraen? Y cuando la limpian. ¡Ah, cuando la limpian! ¡Tan reluciente! ¡Tan brillante! ¿Sabe de lo que le hablo, verdad?

- Eh… sí, claro. Un suelo limpio simpre es agradable.

- ¡Por supuesto! Pero, ¿no es, a su vez, trágico? Destinada a sufrir el peso de los demás. Y yo, como mucho, sólo tengo que aguantar algunas lámparas. Ah… si por mí fuera llevaría todo el peso que ella soporta. ¡Si tan sólo pudiera…!

- ¡Y podrá, sr. Techo! Podrá. Y en la próxima sesión, sin duda estará usted más feliz, porque habrá cruzado sus primeras palabras con su amada Suelo. Hasta entonces, caballero, quiero que medite usted sobre…

Y etcétera, etcétera. Durante una hora, la conversación apenas cambió de dirección. Realmente está sin valor para hablar con Suelo. Mi predicción es que puede llegar a tener una depresión mucho mayor si no actuamos rápido. En la próxima sesión recetar 200 litros de pintura acrílica para levantar el ánimo.

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Lascivo. 15 de Junio de 2008

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¡Destacados de Julio!

Publicado por Sopa de Relatos en Lunes, 1 Septiembre, 2008

¡Ya tenemos los resultados de la encuesta sobre los mejores relatos de Julio!

Los resultados son estos:

· Paciente número 214 (Lascivo) —> 7 votos (38,9 %)

· Shhhhh,… que vienen… (Champinon) —> 6 votos (33,3 %)

· Una de Pinocho (Pequadt) —> 4 votos (22,2 %)

· 112 (Miguel) —> 1 voto (5,6 %)

Total: 18 votos

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El relato ganador se volverá a publicar y entrará en categoría de Destacados.

La encuesta de los mejores de este mes está siendo preparada. Agradecemos vuestra colaboración.

¡Un saludo!

Administración de SOPA DE RELATOS

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En Vías de Putrefacción #6

Publicado por Lascivo en Lunes, 1 Septiembre, 2008

(Este capítulo tiene un elemento que alguno marcará de surrealista. Sin embargo, es simbólico. Así que como alguien me diga que lo meta en “surrealismo” conocerá mi ira.

Dedicado a Pequadt.

¿Te perdiste el capítulo anterior?)

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En el zulo, la pequeña María estaba tirada en un suelo carente de muebles, apoyando su cabeza en el mugriento colchón, abrazando a su diario y mirando la bombilla colgante del techo. A medio metro de su cuerpo, cada día más y más delgado, había una bandeja con un plato sucio. La habitación, cuadrada, simple a más no poder, estaba exageradamente poco iluminada. Una mancha rojiza, pero muy oscura, marcaba la pared, al lado de la puerta. Más bien, pegada a la parte de la puerta donde iban las bisagras.

María estaba despierta. Llevaba más de tres días sin dormir. Sus ojos estaban llenos de legañas y sus mejillas tenían marcas de lágrimas. Tenía varios moratones en brazos y piernas y sus manos estaban destrozadas de tanto aporrear a la puerta.

Haciendo un esfuerzo descomunal, logró levantarse, abrió el cuaderno y comenzó a escribir.

Cuando terminó, una tenue luz comenzó a emerger de la rendija inferior de la puerta. La luz, cada vez más potente, comenzó a cegarla. Sin apenas poder abrir los ojos, María se echó hacia atrás, apoyándose en el colchón. De repente, la luz se apagó. Cuando María volvió a mirar hacia la puerta, vio que seguía cerrada, mas un extraño ser estaba ante ella. Atónita, María se quedó mirándolo. Era una enorme mujer, robusta, alta, de piel oscura, estaba desnuda y su pelo largo colgaba marcando una gruesa línea desde su cabeza, cruzando su espalda, y hasta sus muslos.

- Hola, María.

La niña no se movió. Se quedó mirando a la mujer, sin decir nada.

- No tengas miedo.

- ¿Quién eres? -dijo firmemente María, sorprendida de sí misma.

- Yo soy la Muerte. Quiero que vengas conmigo.

De nuevo silencio. Una lágrima que se mantenía furtiva recorrió la cara de María hasta la barbilla, donde cayó, dejando que se oyera el ruido producido por el goteo.

- ¿Voy a morir?

- He venido salvarte, María. No vas a volver a sufrir nunca más.

- ¿No puedo huir?

- No.

- Yo… sólo quiero salir de aquí. Tengo miedo.

La Muerte cayó durante un segundo, mirando a María.

- No tienes que tenerlo. Ya nada malo te va a pasar.

- Quiero despedirme de mis padres -dijo rompiendo a llorar-. Les echo de menos…

- María, no te preocupes por ellos. No hay más tiempo. Tenemos que irnos.

- ¿Me va a hacer daño?

- No. No si lo hago yo.

- Tengo miedo.

- Dame la mano.

Alargando su brazo, la mano de María entró en contacto con los dedos largos y gruesos de la Muerte. Un instante después, su cuerpo carente de vida se desplomó en el suelo.

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Lascivo. 5 de Junio de 2008

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Novela 1

Publicado por articmasteray en Lunes, 1 Septiembre, 2008

CAPITULO 1

 

 

El sol estaba alto, el calor era sofocante y la gente procuraba no salir a la calle si no era necesario. Estos eran los días que un pequeño ladrón como Evan no podía disfrutar en la ciudad costera de Klahira, sin víctimas por la calle y sin bolsillos que vaciar. Llevaba toda la mañana esperando ver a alguien por la calle lo suficientemente descuidado como para no vigilar sus monedas.

Decidió que lo mejor sería volver a El Esperanzado, el orfanato en el que se había criado desde que sus padres lo abandonaron cuando él apenas tenía uso de memoria. Evan era un chico de estatura media, quizás un poco bajito para sus dieciséis años, era bastante delgado, debido a las escasas comidas que en su orfanato servían a los huérfanos. Su pelo era negro como el carbón y su piel pálida debido a la costumbre que había adquirido de andar más por la sombra que por la luz. No le gustaba la luz, le hacia daño en sus ojos, esos extraños y observadores ojos azules.

Mientras andaba hacia el orfanato iba pensando en sus cosas. Un borracho balbuceaba incoherencias, Evan le examinó- Después de todo, que fuera borracho no implicaba que fuera pobre.- Pero desechó la idea al verle buscar en el callejón que había tras la taberna algo de comida que llevarse a la boca.

-“No”-pensó- “es un simple borracho. Será mejor volver antes de que descubran mi ausencia.”

 

 

                                            ***

 

 

El Esperanzado era un lugar más o menos  cómodo donde vivir. Tenías tiempo de recreo, mucho tiempo libre y un lugar donde dormir. A Evan eso le daba igual, miraba por su ventana a los demás chicos jugar y divertirse, él prefería estar tranquilo en su cuarto, sin distracciones, deseando inútilmente que apareciera una familia para llevárselo lejos, a algún lugar donde pudiera ser alguien, donde se le conociera por algo importante…y no por ser un huérfano que salía por las noches a vaciar los bolsillos de algún descuidado que se preocupara más por los encantos de las mujeres que de sus propias monedas.

 

Evan cogió la caja que guardaba bajo el colchón para examinar el botín de toda la semana…calderilla. Miro el resto de objetos que se encontraban dentro de la caja, eran pequeñas cosas que poseía y conservaba por su significado sentimental, no por un gran valor, eran los objetos que sus padres dejaron con él en la cesta en la que le abandonaron. Si había conservado esos objetos cuando fue recogido se debía  indudablemente a que esos objetos no tenían más valor que el que Evan pudiera darles.

Una canica dorada, un disco de madera grabado del tamaño de una moneda, una fina varilla de metal, un pañuelo bordado y un trozo de un espejo formaban la lista de objetos en la caja. Ése era el último de los objetos, la caja en la que sus padres metieron estas cosas que debieron ser tan importantes para ellos, la caja tenía grabado un símbolo igual al que había bordado en el pañuelo, un circulo en cuyo interior aparecía una cara maliciosa con una mitad de la cara mas quemada para que fuera más oscura en contraste con la otra mitad, más clara. Le recordaba mucho al símbolo que había visto en algunos monjes de los que estaban exiliados en las montañas y pasaban alguna vez por los pueblos, “yin-yan” creía recordar que lo habían llamado, lo que no sabía era que significaba.

Mientras Evan estaba absorto en sus pensamientos, sonó la puerta, Evan lo guardó todo en la caja deprisa y ésta debajo de la cama, en su lugar habitual.

- Adelante- dijo.

- Evan, soy yo, Pheril- Pheril era su antiguo compañero de cuarto, tres años mayor que Evan, dejaron de ser compañeros porque a Pheril el día que cumplía los dieciocho años le ofrecieron ser cuidador de los huérfanos con sueldo y habitación propia.

- Pheril, estoy cansado, ¿qué quieres?

- Saber por qué no has bajado a cenar- abrió la puerta mientras le decía eso.

- No sabes mentir Pheril, ¿qué quieres?- era verdad, Pheril no sabía mentir, lo había demostrado en incontables ocasiones, delatando a Evan sin querer.

- Evan, estoy preocupado, hace días que sales por las noches sin avisar- “y eso sólo que tu sepas” pensó Evan- Me gustaría saber si te pasa algo… por si te puedo ayudar… seguimos siendo amigos, ¿verdad?- “no” pensó Evan. A Evan no le había sentado bien el cambio, Pheril y él siempre se burlaban de los cuidadores y siempre buscaban otras formas de ganarse la vida… pero todo ese tiempo Pheril había estado siendo un hipócrita, aceptó el puesto sin dudarlo… pero no era el único que sabía hacer de hipócrita.

- sí Pheril, seguimos siendo amigos, pero no me pasa nada.

 

 

                                             ***

 

 

El despacho estaba apenas iluminado con una vela, esto hacía que para los que no estuvieran acostumbrados les costara ver bien. Para El Grande eso no era problema, él estaba acostumbrado a ver bajo casi cualquier tipo de luz. Se quitó las gafas y se limpió el sudor de la frente, llevaba intentando descifrar el mapa que tenía encima de la mesa tres días seguidos y aún no había descubierto nada. El mapa mostraba todas las masas que formaban el mundo, pero descolocadas y con nombres distintos, lo comparó con otro mapa en el que todo aparecía de forma correcta: ahí estaban los siete continentes principales: Tushmon famoso por sus desiertos, Ashkit, Calmud, Lopea, Fröll, Sécnea y el continente helado Prígmad. La pregunta principal era el porqué alguien se había dedicado a realizar un mapa tan disparatado, no tenía ningún sentido… esta iba a ser otra larga noche para el cartógrafo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Articmasteray

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