El Cielo
Recomiendo fervientemente leer este relato después de haber leido El Infierno (si no lo lees primero El Infierno antes que El Cielo perderás todo el suspense generado).
Me acabo de despertar en este tétrico cuarto de paredes de color carne. No hay luz ni oscuridad, no hace ni frío ni calor. Es como estar en una caja, protegido.
Delante de mí hay un espejo con un marco dorado. Me acerco a él. Es inevitable no acercarse. Me doy cuenta de que el marco es de oro. Mis ojos se posan, sin yo controlarlos, en el espejo. Obviamente me veo a mí, tan bajo, tan fofo, con esos ojos feos… un momento… ¿era yo así de guapo? ¡Yo antes no tenía esos abdominales, ni esa cara de triunfador!








