En Vías de Putrefacción #9
(O de cómo pequeñas casualidades en realidad no llevan a ningún sitio.
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El inspector González siempre ha sido un hombre de fe. Buscador de la redención del espíritu y de la serenidad del alma. En la pequeña y céntrica iglesia, el inspector González expía sus pecados cada domingo. Este domingo en concreto, el aspecto del inspector González era más tétrico si cabe. Unas grandes ojeras resaltaban en sus pequeños ojos, siendo éstas más visibles aún que su espeso bigote.
El cura, con su aspecto desaliñado y su sotana llena de pequeñas manchitas blancas a la altura de la cadera, da la misa como si estuviera algo borracho. Sólo hay dos asistentes, el inspector González y una vieja con un carro de supermercado a su lado, lleno de objetos sin valor, y cuya cabeza cuelga de su cuello, apenas incapaz de mantenerse despierta.







