el principio
Acababan de comer y la madre de Tánger se fue a recoger la cocina. Su abuelo, sin embargo no dejaba el tema de conversación de la comida:
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Acababan de comer y la madre de Tánger se fue a recoger la cocina. Su abuelo, sin embargo no dejaba el tema de conversación de la comida:
Desperté tendido en mi cama. Me dolía bastante la cabeza, y había tenido un sueño muy raro… o lo que yo hubiera querido que fuera un sueño. No podía creer lo que vi. ¿Cómo llegué a casa, si me desmayé tras el mordisco? El mordisco. Me busqué la herida, y allí seguía, aunque totalmente cicatrizada. ¿Cómo había podido cicatrizar una herida de ese tamaño en una sola noche? Todo era tan extraño… Miré la hora: las 11 de la noche. “¡Dios mío! he estado durmiendo todo el día” pensé alertado, y me cambié de ropa para ir al trabajo antes de que volviera a llegar tarde. Fui hacia el bosque, y pasé corriendo la zona donde me atacó esa bestia, sintiendo como si miles de miradas estudiaran cada uno de mis movimientos. Por suerte, no decidió acabar lo que empezó la noche anterior; llegué como de costumbre, hice el relevo al guarda y me preparé para otra noche más en completa soledad. Al fin y al cabo eso no me preocupaba, ya que llevaba trabajando allí un año, por no mencionar los cuatro que llevaba viviendo solo en el piso. Para matar el tiempo, entré en la caseta e intenté dibujar lo que me atacó para poder preguntar a la policía o a algún antiguo compañero si se han registrado ataques de esa criatura antes. Empecé intentando plasmar cada detalle minuciosamente, pero al minuto recordé que el dibujo no era mi especialidad; desistí: hice una bola con el papel y lo tiré a la papelera (“¡canasta!”). Estaba demasiado bajo de fuerzas como para hacer una ronda alrededor del bosque, así que decidí dedicar la noche a buscar posibles respuestas.