¿Historiadores o historiados?
Levanté de nuevo la mirada. Acababa de evitar la muerte por séptima vez desde que accedí a este espantoso lugar, pero lo había logrado… Me encontraba en la Sala Sagrada. Las paredes doradas reflejaban la luz que, de forma sinuosa, se filtraba a través de una pequeña rendija. De este modo, toda la estancia parecía brillar con luz propia. Allí, grandes montones de figuras aztecas, de tamaño igual al de un ser humano estandar, poblaban los laterales formando un extraño pasillo hacia el final. A los pies de estos, montañas de oro, gemas, y demás minerales preciosos, completaban un inventario cuyo valor excedía todo aquello que quisiera comprar.
En el centro de la sala se erguía un gran altar con una inscripción. Por suerte, en mi estancia con los nativos aztecas, habia aprendido algo de su primitivo idioma, asi que pude traducir algunas palabras sueltas:
“…Hombre…Sueño…Azteca…Hombre…Valor…Coger…Oro…Negar…Hombre…Idiota…Dios…”







