Una nueva vida (Capítulo 11)
El alcantarillado estaba muy oscuro, por lo que probé a usar la habilidad que tanto me ayudó a seguir a Jen en los callejones oscuros y que le daba un brillo rojizo a mis ojos, y tras un par de minutos concentrándome en ello (no sabía de qué modo se activaban estos poderes) conseguí que mi entorno se volviera casi diurno para mí. Ya empezaba a tener control sobre mis propios poderes, una buena señal.
Aprovechando que mis compañeros no conseguían adaptarse a la escasa luminosidad me puse en cabeza de la expedición y les guié siguiendo las órdenes de Elena, que podía ver el mapa gracias a una pequeña llama que le salía de su dedo índice. Era una imagen terrorífica, y no por el hecho de que pudiera conjurar fuego, sino por el propio fuego: su crepitar, su color… todo ello se metía en tu cabeza como nunca antes lo había hecho cuando era mortal, pero haciendo un esfuerzo pude dominarme y controlé el impulso de alejarme de las llamas cuanto pudiera.







