Este relato es la segunda parte de una saga. Para empezar por la primera pincha AQUÍ.
Otro día aburrido en el insti. Hoy me tengo que quedar a comer en el comedor del centro porque mis padres comen fuera y no hay comida en la nevera. Me he pasado todas las clases dibujando un conejito marrón disparando a otros conejos.
En el comedor un chaval de mi clase me ha pegado un puñetazo en el estomago y me ha obligado a darle mi postre, si no quería que me volviera a pegar.
Cuando el timbre señala el final de la clase, salgo zumbado a mi casa. No hay nadie en ella. Mis padres no han vuelto y no sé nada de mi hermana. Me meto en mi cuarto a jugar con la PSP. Después enciendo el ordenador y juego hasta la hora de la cena.
A las nueve bajo a la cocina. No hay nadie. Otra noche sin cena. Me meto en mi cuarto y posteo en el foro de videojuegos. A las doce de la noche apago el ordenador y me meto en la cama. Me quedo mirando al techo hasta que me duermo.
Todo se vuelve oscuro. No sé si estoy soñando o si estoy flipando, pero de la oscuridad sale una chica de más o menos mi edad con un vestido blanco que deja ver un abultado escote. Su belleza no tiene límite.
La chica va caminando hacia mí. Me quedo mirando bobaliconamente cómo poco a poco se queda a mi lado. Sus ojos son del color de la miel, y su cabello rubio se ondulo bajo el efecto de una suave brisa.
La chica vuelve a dar un paso hacia delante, hasta estar pegada a mí. Sus ojos se cierran y acerca sus labios a los míos. Tímidamente acerca su boca a la mía hasta que nuestros labios se juntan y me besa. En ese preciso instante me quedo sin aliento, como si el tiempo se hubiera parado.
Cuando la chica termina de besarme, da un paso hacia atrás y me sonríe. No sé qué preguntarla. Intento formular la pregunta “¿cuál es tu nombre?”, pero me pongo nervioso y tartamudeo. Sin embargo, ella logra entenderme y contesta “me llamo Eli…”.
Justo en ese preciso instante, una bofetada me despierta y me obliga a abandonar mi estado de trance. Se trata de mi hermana. “¿Aún no han llegado papa y mama?” me pregunta. Le respondo un “no” y la obligo a abandonar mi cuarto. Miro el reloj. Es casi la 1 de la madrugada.
Me acuesto en la cama y me duermo casi al instante. Para mi desgracia la chica de antes no acude a mi sueño.
.
Autor: Germán Pérez Campo, 10 de Noviembre del 2008.



