SOPA DE RELATOS

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Votación de los Destacados de Octubre


Ya tenemos lista la votación para elegir el mejor relato de Octubre. Los candidatos son éstos:

¿Historiadores o Historiados?, de Champinon

Azzel, de Danixu

La Cumbre de Kioto, de Pequadt

El Eterno Retorno, de Lascivo

Este mes hay menos relatos, pero mucha, muchísima, más competitividad. Promete ser reñido, así que ya sabes: ¡lee y vota!

¡Y muchas gracias!

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El Equipo Administrativo de SOPA DE RELATOS

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El Titiritero Capítulo 1 Parte II


La obra fue, para Maltar, bastante mediocre. Sí, tenía puntos graciosos, pero no era lo que el titiritero pretendía venderles. El resto de los asistentes también parecía compartir el mismo pensamiento, ya que entre los murmullos de desaprobación de algunos y los aplausos flojos de otros, Maltar no auguraba buena recaudación para aquél hombre.

Sin embargo, este parecía contento.

Llegaba el momento en el que el público se escapaba discretamente: la hora en la que el hambriento intérprete pasa la mano para recoger caridad en forma de monedas. La gente ya empezaba a escaquearse sigilosamente, despacio, pero sin pararse. Habían adquirido tanta práctica que se alejaban todos juntos y sincronizados.


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El Titiritero Capítulo 1 (Parte I)


 

No es que no le gustara, pero ya estaba harto. Harto de ir de pueblo en pueblo, de casi mendigar, y de suplicar unas pocas monedas con las que comprar una comida caliente. Además, no le hacía la más mínima gracia la zona donde se ganaba la vida, donde lo que se encontraba era todo agricultores perezosos, pastores maleducados y niños que te dejaban limpio. Nada que ver con la capital, Lerte, o sus alrededores, donde seguramente no le habrían dejado entrar con esas pintas.


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Una nueva vida (Capítulo 12)


Bruce disparó su escopeta desde la lejanía. Los proyectiles rasgaron la carne de uno de ellos, pero no le dio de lleno. Elena, con un movimiento de su mano, levantó del suelo al que Bruce había disparado y le arrojó a dos metros de distancia. Yo, con un gruñido salvaje que brotó de mi garganta, me lancé al pecho de otro: le tiré al suelo, y una vez allí le encajé tres puñetazos en la mandíbula. Éste, con expresión de dolor, me empujó con gran fuerza, alzándome a una altura considerable. Vino corriendo hacia mí mientras me encontraba en el suelo aturdido por la caída, pero un escopetazo en el torso le derribó. Aproveché la ayuda de Bruce, y al que estaba tendido pude darle dos garrazos (que por fin habían salido completamente), y aunque le desfiguré totalmente la cara no bastaron para acabar con él. Malherido, consiguió esquivar mis otros dos golpes y darme un buen puñetazo en las costillas, que crujieron bajo su puño. Me tumbó al instante, y por unos instantes pude ver cómo se desarrollaba el combate a mi alrededor: Bruce le dio un escopetazo a otro en las piernas, dejándole inmovilizado. Después fue hacia él, y con una velocidad asombrosa consiguió darle una serie de cinco o seis puñetazos (con tal velocidad no pude distinguirlo bien) antes de que otro enemigo le derribara por la espalda. Elena había conseguido prender fuego al que había derribado antes, y mientras corría despavorido ésta hizo que una espada apareciera por arte de magia en sus manos, y con ella le cortó el cuello con un tajo certero, haciéndole explotar en una lluvia de cenizas. Ahora estábamos igualados.


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Angustia, Esperanza, Equis


[...] Paso al lado de un montículo de rocas. Las rodeo para cobijarme de los infernales rayos del Sol y veo que, escondida tras las rocas, está una niña vestida de esquimal.

- Da dos pasos atrás, y aprende a convivir con la angustia. Me dice. No me gusta mucho y me alejo, sin darle la espalda hasta que estoy lo suficientemente lejos.

Cuando me giro, veo el terrible paisaje: kilómetros y kilómetros de arena y piedras. Continúo andando, aún tengo fuerzas, pero no sé cuándo empezarán a flaquear. Caigo por una agujero. Durante unos dos minutos, pero no noto la aceleración. Toco el suelo, no con mucha velocidad, y sin ningún daño. Me levanto, pero mi cabeza choca contra el techo, que es muy bajo. Una voz me asusta.

- Ten cuidado. Dice, mientras encience una cerilla. Es un ser diminuto y grotesco, muy ancho, y barbudo y calvo. No está hecho para gente como tú.


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Entrañas


Vomito todas mis entrañas.  Mis jodidas entrañas.  Aún tiemblan sobre el asfalto. Puede que el que tiembla soy yo, no lo sé, estoy algo mareado. Empiezo a dejar de verlas entre una masa blanquecina, parecía que aquel vapor no iba a cesar nunca. No  estoy seguro de por qué lo hice. Una arcada, nada más. Ya no siento el frío de los vaqueros. Ni el mareo, ni el viento en la cara, ni el mal sabor. Tengo un cigarro en la mano, pienso en encenderlo;  pero finalmente no lo hago. Me aterroriza la idea del humo dando vueltas en mi interior. Puede que las vaya a echar de menos en algún momento. ¿Echar de menos? Por un instante pienso en volver y recogerlas, guardarlas en algún lado. Me daría asco que alguien las manoseara y pudiera conocerme. Tampoco lo hago. Si lo hiciera os privaría de esta historia; de mi historia.


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