Instrucciones para apagar una cerilla
Cójala suavemente con los dedos por el extremo correcto; con dos o tres dedos es suficiente. Acérquesela lentamente a la cara. Obsérvela durante unos instantes. Apreciará las distintas tonalidades de la llama; desde el blanco, pasando por el anaranjado y quizá llegando hasta el rojo. Esa cosa voluble, sin forma, le absorberá por un momento. Mire hacia arriba, olvide que sujeta una cerilla, olvide que sujeta nada. Sienta el calor en la cara, nótela parcialmente iluminada y atienda al frío que sentirá en sus manos. Una vez sentido esto, puede cerrar los ojos o seguir mirando el mismo punto muerto que miraba anteriormente. Ponga sus labios en forma de U y sople lentamente con un aire cálido que vendrá desde lo más hondo de sus pulmones. Se percatará de que la llama titubea, produciendo un sonido inquietante. ¿Nota como se marcha? El calor, el frío, nota ausencia, se hace oscuro, le invade la nostalgia, una buena canción… Cuando quiera darse cuenta se encontrará solo, no verá nada y añorará el aire caliente que ha expulsado. Si es así, el procedimiento habrá sido correcto. Si no lo es, habrá realizado una de tantas acciones sin sentido que realiza a diario.







