Microrrelatum Hiperbrevi
La sorna
Fundas un imperio, le das de comer, le das asilo, le educas, le mimas.
Al final, sólo al final, cuando crees que veni, vidi, vici, resulta que tu quoque, fili mi.
Encuentra al escritor que tienes dentro
La sorna
Fundas un imperio, le das de comer, le das asilo, le educas, le mimas.
Al final, sólo al final, cuando crees que veni, vidi, vici, resulta que tu quoque, fili mi.
La guardería era lo mejor. Toda la mañana (o tarde) jugando sin parar: el pajarito inglés, el pilla-pilla, el escondite, la búsqueda del tesoro, los dibujos, las piezas de construcción, los columpios… Mientras uno no se pusiera a molestar a los demás, no había otras normas que cumplir.
Bueno, una sí. Si querías salir al patio, te tenías que terminar el bocadillo primero. Con aquello no había concesiones. Ni “¡ay, me duele la tripa!”, ni “ya no tengo hambre”, ni bobadas. No te terminas el bocadillo, no sales a los columpios. Era una norma muy eficaz, hasta un crío de tres años captaba la idea al momento.
Y para hacer cumplir aquella norma a rajatabla, nadie como Cati. La general Cati. La tiránica general Cati. No hacía concesiones ni a una linda niña de cinco años:
- Cati, quiero agua… – le dije un día.
- ¡No, que ya bebiste antes!
La circunferencia es la curva cuyos puntos equidistan del centro.
El círculo es la porción del plano comprendida y limitada por la circunferencia.
Soy círculo y a la vez circunferencia.
No sé cuándo me metí aquí dentro, pero creo que ya llevo mucho tiempo rasgando las paredes de mi celda. Cada día es solo una marca más en el muro. Cada día, la celda es más pequeña.
La luz entra por una grieta, y a veces sueño con convertirme en un ángel y agrandarla con mi espada. Desearía tener el valor de mirar la luz con mis ojos, pero mis ojos no se despegan del suelo, de las paredes, de las marcas. Cada día debo hacer una marca, no puedo descuidarlas.
Ayer la luz era tan intensa que mis ojos no pudieron soportarlo. Me recosté sobre las piedras de mi prisión, pero soñé con qué habría más allá de la grieta, tras los muros, tras la circunferencia.
Siempre me había preguntado porque mi hermano es negro y yo no. Hoy por fin lo supe. No dudaba que fuese mi hermano, los dos tenemos los ojos de mamá, aunque yo me parezco más a papá que él, pero eso nunca importó en casa. Nos trataban igual, y nos compraban las mismas cosas, lo único diferente es cuando salimos a pasear; la gente mira de forma rara a Carlitos.
Mamá me dijo una vez que son cosas que pasan y que no molestase a los mayores con esos temas, y menos a papá. Pero hoy por fin lo descubrimos. La abuela tenía un aliento dulzón y no paró de gritar a Carlitos en toda la mañana, palabras que si las digo me llevaré una colleja, asi que si os las cuento guardadme el secreto, ¿vale?…No teneis pinta de chivatos.