SOPA DE RELATOS

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Un rizo rebelde


Un rizo rebelde. Rozando su frente. Esa mañana se miró al espejo y ahí estaba de nuevo.

Probablemente de vuelta de algún viaje por su nuca, donde lo había estado acariciando estos últimos días cuando lo necesitaba.

Y sin embargo, ahí volvía a estar, mirándole descaradamente. Con un claro gesto de desafío.

Se enfrentaría a él. Con decisión. Sería cruel en caso de necesidad.

Para que volviera a su nuca, de donde nunca se tenía que haber movido.

O quizás perderse en aquel remolino sobre su cabeza, girando sobre sí mismo indefinidamente para deshacerse y desaparecer allí dónde ya nunca lo volvería a ver.

Pobre, ahora incluso sentía lástima por aquel rizo.

Y lo necesitaba.

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En blanco.


Tenía ante sus ojos kilómetros de nieve blanca e inmaculada; tendederos que chirriaban bajo el peso de decenas de sábanas recién lavadas; nubes con forma de boa o sombrero, según de quién fuera la mirada…

Tenía ante sus ojos un folio en blanco y lo único que le pedían era veinte líneas sobre sus vacaciones.

 

Cuánto talento desperdiciado…

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Vidas de oscar


Ya estaba la función en marcha, como tantas otras veces. El actor principal de esta película de estreno directo en su videoclub, yo, ya está preparado para la siguiente escena. Otra intrascendente cita, camuflada bajo forzadas sonrisas, frases de manual, clichés, partes meteorológicos y caricias furtivas, frías, de piel de zapato. No sé cuantas veces había estado ya en este mismo decorado;  solo sabía que iba a volver a ocurrir, inevitablemente, noche tras noche, hasta que ellas se den cuenta del patético actor que soy, de la mediocre vida que llevo.

Ella era otra chica de piscifactoría. Lista, pero no lo suficiente para distinguir el lobo del cordero; guapa, pero no lo suficiente para ir rechazando posibles oportunidades de una vida de anuncio.

La cena fue bien, después de dos copas de vino la conversación se volvió entretenida, hasta cierto punto interesante, si me apuras. ¿La comida? Excelente. Un postre sugerente, con algo de chocolate y  fresas, copas, bailes, mentiras, una cama y fin.


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La culpa


Mientras miro hacia arriba, las paredes parecen crecer, cerrando la entrada de luz. Mis ojos, antes inhundados en lágrimas de despecho no distinguen ya lo que es muro de la neblina creada por mi mente.


Vuelvo a llorar.


Mis sollozos resuenan y me hacen competencia con sus sonidos grotescos retumbando en las paredes. No puedo evitar caer más aún en la desesperación. Hundo mis mejillas entre los brazos al tiempo que me dejo caer. Mis músculos entumecidos no aguantan más el peso de mi cuerpo, y así puede que deje de llorar.

Ya no quiero mirar arriba. El viento aúlla amenazante, y una fina lluvia empieza a calarme. Entonces me doy cuenta de que estoy desnuda y me asusta la idea de una mirada indiscreta. Un espejo que parece haber sido colocado con la peor intención, me recuerda cómo soy y por qué he llegado a este estado.


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