La boda
Todos los comensales esperaban sentados a que saliese la comida. Parecía que los cocineros debían ser muy inexpertos pues nunca un banquete de bodas había tardado tanto en servirse. Y algunos creían que no debían haber dejado a los invitados a la boda escuchar los sangrientos golpes de la cocina escucharse desde fuera. Oyeron unos pasos que salían y todos esperaron impacientes encontrarse al cocinero con una gran bandeja. Pero del cocinero sólo se veía el brazo. Parecía que el resto del cuerpo estaba alojado dentro de las fauces de un gran animal difícil de describir. Era grande, peludo y con unos dientes escalofriantes, y se movía a saltos impulsandose con las patas delanteras. La gente palideció y algunos no se atrevieron ni a correr, aunque por lo general todos se sumaron al griterio y al caos de la gran evasión.







