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Construyendo un Ángel. Capítulo 2

Posted by Lascivo en Lunes, 1 Diciembre, 2008

(Si quieres ver capítulos anteriores, o saber más sobre esta precuela, visita este link con la organización de esta saga.)

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Juan Luis se despertó sudoroso. Miró el reloj. Aún eran las cuatro de la mañana. Se levantó sin hacer ruido para no despertar a su esposa. Temía que aún estuviera muy débil, y era muy protector con ella.

Ya en el baño, mientras orinaba, un escalofrío extrañamente largo le recorrió todo el cuerpo, empezando por los tobillos y acabando en la nuca. También le pareció percibir un leve destello en la oscuridad, por el rabillo del ojo. Como estaba muy cansado, no le prestó demasiada importancia, asumiendo que con lo oscuro que estaba, no podía haber nada allí. Se volvió a meter en la cama, mucho más tranquilo que como se despertó. No recordaba la pesadilla, pero algunas imágenes todavía llegaban a su mente, como flashes.

Dio un suave beso a la mejilla cálida de su mujer y se durmió.

***

Al día siguiente, en la consulta, Juan Luis se sentía aún amedrentado por la noche de pesadillas que había soportado. De hecho, la cabeza le dolía bastante, por lo que se recetó a sí mismo una tarde de baja. Así aprovecharía, además, para pasar algo de tiempo con su mujer, que seguía disfrutando del tiempo libre dado por la excedencia que le dieron en su trabajo, hace más de un año, por la enfermedad que sufrió. Encargó a su secretaria que cancelara las visitas de la tarde, alegando que estaba enfermo, y se dirigió a su casa sin más tardanza.

Al llegar a casa, dejó el abrigo en el perchero y entró en la cocina, lanzando un pequeño grito avisando a su mujer que había llegado.

- ¡Marta! ¡Ya estoy en casa!

No obtuvo respuesta, por lo que pensó que su mujer estaría dándose un baño, o bien habría salido de compras con alguna amiga. Preparó té y se sirvió una generosa taza, para llevarla a su despacho, donde quería repasar un artículo especialmente interesante sobre obstetricia. Pasó allí la media hora siguiente, hasta que oyó un ruido.

Era un ruido muy tenue, más bien un leve gemido. Pero Juan Luis se asustó, y volvió a sentir el escalofrío de la noche anterior, cuando estaba en el baño.

Siguió el gemido y se dirigió hacia el cuarto que compartía con su mujer. Allí la vio tirada en la cama, con signos de violencia. Signos de verdadera violencia. Mostraba varios golpes, hematomas y pequeñas rajas en piernas, brazos y cara. Semiinconsciente, seguía gimiendo incontrolada. Juan Luis no paraba de gritarle “¡Marta, Marta, cariño! ¿Qué ha pasado? ¡¿Qué es esto?!”. Ella no respondía nada coherente, sólo seguía gimiendo. Juan Luis pidió una ambulancia de inmediato, y mientras esperaban a que viniera, cogió a su mujer en brazos y la llevó al sofá que tenían en el recibidor. Donde la recostó. Al dejarla en el sofá, logró descifrar algo entre la incoherencia de sus gemidos.

- Manuel… Bayón…

***

En el hospital, Juan Luis estaba experimentando un verdadero ataque de angustia. Manuel Bayón. Había oído ese nombre antes. Al principio no había caído en la cuenta, pero pronto recordó quién se llamaba así. El extraño personaje de la cena en casa del joven matrimonio, los futuros padres. Manuel Bayón… ¿Por qué había dicho su mujer ese nombre? Aunque pronto dejó de pensar en eso, al ver que el médico que la atendía salía del cuarto donde estaba ingresada con cara de preocupación.

- ¡Peláez! – el médico era conocido de Juan Luis – ¿Cómo está? ¿Cómo está Marta?

- Juan Luis, muchacho… No te preocupes, no se encuentra mal. Pero no te voy a engañar, ha sufrido mucho, y presenta algunas heridas algo preocupantes. Ahora mismo está sedada. Pero Juan Luis, tengo que comentarte una cosa.

- ¿Pero ella está bien? ¿Qué me quieres decir?

- Juan Luis, tu mujer ha sido víctima de una paliza. Y he de decir que quien se la haya dado no se ha contenido. Un poco más, y tal y como estaba ya su salud, hubiera sido fatal.

- Pero…

- Juan Luis, en estos casos, sabes como son las reglas, hay que avisar a la policía.

- Yo… Claro, lo entiendo.

- Celebro que así sea. Mientras llegan, dejaré que estés con ella, sólo porque te conozco, Juan Luis, y sé que no eres capaz de algo así, pero un celador estará contigo.

- Pero… ¡Tú no lo entiendes! ¡No había nadie más en casa! ¡Alguien tuvo que haber entrado antes que yo! Y además… ¡Manuel Bayón! ¡Ese hombre!

- Juan Luis, creo que estás muy nervioso. Por favor, mantén la calma. Como antiguo compañero, no voy a dudar de ti. Te veo incapaz de tratar así a tu mujer. Y menos aún cuando te he visto cargar con su enfermedad como si fuera tuya. Y no sé que tiene que ver el señor Bayón con esto.

- Tú… ¿Conoces a Manuel Bayón?

- ¡Pero Juan Luis! ¡Enfermera! – dijo dirigiéndose a una joven muchacha que estaba tras un mostrador, frente a ellos – ¡Prepare inmediatamente una habitación!

- Peláez, no sé qué…

- ¡Juan Luis! Estás en estado de shock. Manuel Bayón es tu suegro, y el máximo beneficiario de este hospital. ¡Enfermera! ¡Necesito una analítica y que este caballero guarde reposo ya! ¡Pero ya!

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Lascivo. 1 de Diciembre de 2008

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Buscando una mirada

Posted by asilvestrada en Lunes, 1 Diciembre, 2008

Todo comienza cuando surgen las preguntas, cuando empezamos a pensar…

Hay tantísimas cosas que no sabemos… respuestas ocultas , o todavía desconocidas,

incertidumbre en cada casa, cada cama, cada mente.

Buscamos sabiduría, en un intento de querer la perfección en nuestras vidas.

¿Quién dijo qué es felicidad? ¿tristeza? o ¿empatía?

Todo un mundo creado por el ser humano, pero que no sabemos utilizarlo.

La gente libre se cree encarcelada, en un intento de huir de sus responsabilidades como persona.

Y pensar que nunca llegaremos a ver tan grandísima creación entera…

¿Cual será el motivo para este complejo experimento?

Nunca, sabremos nuestro final.

Sólo nos queda esta ilusión a la que llamamos vida.

Publicado en Zona Basura | 7 Comentarios »

Recaídas

Posted by reinadelamantekilla en Lunes, 1 Diciembre, 2008

Es patético lo de recurrir a ti siempre que me tiemblan las teclas, y desgastarme se queda en nada si se que las letras las tengo enquistadas en los parpados y en la garganta. Porque se que llegara el día en que me falten cuerdas vocales para ahorcar la rutina, y tal vez, con tanto suicidio en las retinas, todo se llene de metáforas descosidas y descoloridos los mayos que vomitan el sonido de tu voz cada vez que intento ahogar la mía en solos de guitarras que no componen para mi. No puedo prometer[me] que vaya a ser esta la última vez que descorche recuerdos, por que cariño, mis golpes de cadera siguen arañando distancias que engangrenan las carreteras por las que corren tantas venas como historias que se sostienen sobre dos miradas hechas escombros por la realidad. A lo mejor olvido que ya te has olvidado de mi. Que en una batalla de dos segundos yo me enganche de ti en el segundo equivocado.

 

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Resultados de la Votación “Destacado de Octubre”

Posted by Sopa de Relatos en Lunes, 1 Diciembre, 2008

Hola lectores.

Ya tenemos los resultados de la votación para elegir el mejor relato de Octubre. Una vez más, Pequadt se lleva el reconocimiento de todos con su relato La Cumbre de Kioto. ¡Felicidades Pequadt!

Éstos han sido los resultados:

Relato

Votos %
¿Historiadores o Historiados? (Champinon)

5

25%

Azzel (Danixu)

3

15%

La Cumbre de Kioto (Pequadt)

8

40%

El Eterno Retorno (Lascivo)

4

20%

Total

20

100%

destacado-octubre

En pocos días publicaremos la nueva votación, para elegir el Destacado de Noviembre. ¡Enhorabuena Pequadt!

Un saludo

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El Equipo Administrativo de Sopa de Relatos

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