1984 podría ser hoy
Es esa sensación fría en la nuca, una mirada del calibre de una mágnum apuntando a cada una de tus respiraciones de más. Gente inerte, calles repletas de personas prefrabicadas. Un enorme engranaje déspota y cruel, moviendo los hilos de vidas no vividas y sueños adaptados a un guión inflexible. Enormes edificios albergan los latidos de una ciudad que bombea apatía. Largos pasillos esconden sombríos pensamientos acorralados en un rincón de cada mente que es capaz de pensar. Una voz enumera montones de carne y huesos, tediosos y alienados, incapaces de despertar del letargo. La pantalla de un televisor inyecta odio catódico comprimido en dos minutos, suficientes para que toda la ciudad sucumba a los encantos de la irracionalidad guiada. Todavía hay quien en secreto tirita pensamientos prohibidos en un cuaderno vetado por la inquisición del libre albedrío. Valiente y desamparado a la vez, un esquirol del rutinoso rebaño intenta ser libre dentro de unos anchos barrotes fingiendo que es feliz sujeto a las cuerdas del Gran Hermano. ¿Lo conseguirá?







