SOPA DE RELATOS

Encuentra al escritor que tienes dentro

La desgraciada rutina de Doña I.


Un sonido metálico. Molesto. Sueño. De nuevo ese sonido. Luz… una luz cegadora. Esa sensación en el estómago… ¡Horror! ¡Caída! Abrió los ojos. Estaba cayendo hacia un pozo de luz blanca, aunque no sabría decir si se precipitaba rápidamente o con parsimoniosa lentitud. Maldita sea, ya lo habían vuelto a hacer.

No se puso nerviosa, conocía la rutina. Tensó su cuerpo y bateó las alas, dejando de perder altura y estabilizando su cuerpo en el aire a la vez que se despejaba un poco. Observó su entorno. La imagen de un perro con la correa colgando de una pata flotaba en el aire, como un holograma. No le gustó, así que decidió atravesarla y avanzar algo más. Naves espaciales de aspecto futurista iban y venían de un planeta que aparentaba tener toda su superficie urbanizada. Tampoco merecía la pena. Giró a la izquierda y pudo ver un castillo medieval a lo lejos, rodeado por la clásica zanja. Según se iba aproximando, empezó a distinguir unas figuras sobre el puente que cruzaba la zanja y que iba a parar al portón. Un grupo de diez de ellas, cinco a cada lado, portaba un ariete. Una escena de guerra… aburrido. Giró a la derecha.


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Gears (cuarta parte)


(Ésta es la cuarta parte de una saga, para ver la anterior haz click AQUÍ)

Calentó la aguja en agua hirviendo para esterilizarla y comenzo a coserse la herida, no era agradable y había visto gente morir por heridas similares. Gear terminó de darse los puntos y decidió volver a salir, necesitaba conseguir comida y no quería salir después del toque de queda. Mientras buscaba en los cubos empezó a pensar en su “habilidad”, la tenía desde que tenía memoria, aunque también es cierto que olvidaba con facilidad, y es cierto que, aunque para cualquier otro podría haber sido algo fantástico, para Gear era una verdadera maldición, no solo era ver cómo funcionaba todo, el porqué se movían los coches, porqué se relacionaban unas personas con otras o porqué el Sol salía todos los días, también veía cómo la gente iba muriendo a medida que los engranajes que los mueven se van parando…


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Estoy dentro


¡Alto, no lo leas!

Bueno tú verás, has elegido.

Eso es.

Ya has empezado, muy bien.

Ya está.

Me pregunto que voz me habrás puesto en tu cabeza…

¿Quizás la de la voz que dice “este es el anuncio de un medicamento” o la dulce voz de una secretaria?

El caso es que ya estoy dentro.

Si, dentro de ti.

No te ha dolido ¿verdad?

Puedes dejar de leer si quieres pero mi voz ya está en ti.

¿Aún sigues aquí?

Quizás te preguntes que soy o que quiero…

Sólo soy una forma mental, una voz.

Bien visto, soy en esencia lo mismo que tú.

Un puñado de energía, un poco menos condensada quizás, pero energía al fin y al cabo.

Y me alimento de energía.


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Debilidades


Las cuatro de la mañana. El humo revenido en los pulmones y los pies congelados. Bostezo mientras Lulú se deja ir sobre la mesa de cristal de su salón. Estornudo. Vuelvo a bostezar mientras ella se ajusta un vestido negro sin bragas por debajo, para él, aunque ella no lo sepa todavía. El final siempre es el mismo, la que he cambiado soy yo, pero eso Lulú tampoco lo sabe. Ni Malena lo sabe, aún así, siempre me deja leerla llorar y sentirla luchar entre tinta y calles de Madrid, blanco y rimel de fondo. Tengo la estúpida manía de enamorarme de los personajes, de inventarme su voz y esconderme en su eco los domingos por la mañana. Sick Boy gritaba tan fuerte desde las viejas vías de Edimburgo que no tuve mas remedio que enamorarme de él. Aunque en Porno descubrí que Renton hubiera sido mejor partido, siempre nos colgamos de los chicos malos, yo lo sabía por Diane. Y Diane hubiese caído rendida a los pies de Tyler Durden, todas lo haríamos en realidad, pero ellos dos hubiesen congeniado. Ella le susurraría al oído que dentro de poco solo quedarán gilipollas a nuestro alrededor, él, satisfecho y lleno de orgullo la besaría mientras la ciudad se cae sobre sus propias ruinas. Mientras tanto, el Principito trapichearía con Burroughs alguna gelatina, cansado de oír fornicar a Chinaski y Melissa P. Aunque nunca sabrá que lo único que ella quiere es que Henry le peine su larga melena mientras le cuenta como una vez una vieja puta le robó todos sus poemas. Wiston Smith sonreiría feliz viendo triturado a escombros al Gran Hermano, aunque en el fondo de su engañado corazón sentía pena, todo era tan cómodo cuando pensaban por ti. Así que Ignatius J. Really no tendría mas remedio que pegarle dos hostias llenas de geometría y buen gusto e inyectarle idealismo en vena con la ayuda de un tal Pablo Miralles, que le había caído sorprendentemente bien. Salman Rusdie por fin podría escribir sin censura, pero se había quedado sin lectores, y los versos satánicos habían ardido en la hoguera de las vanidades del mundo. Un descapotable rojo perseguía el sueño americano para atiborrarlo de éter y peyote y dejarlo morir de miedo y asco en una isla llena de niños malcriados y moscas. Luego, Boris Vian, escupiría sobre su tumba y le leería algo de Benedetti o de Rafael Coloma tocando una guitarra demasiado desgastada por el rencor. A mi, solo me quedaría esperar al chico de la moto, especialista en causas perdidas como yo.


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El niño de la mirada perdida:


El niño de la mirada perdida:

No encajaba, sencillamente no encajaba en el juego de los demás, en este rompecabezas, rompecorazones y demás roturas de este mundo.

No tenía un grupo “Rock Garage” rompedor como el resto de quinceañeros,

Ni ideas de mercado rompedoras con las cuales hacerse millonario.

Es más, ni si quiera tenía en su mente la misma foto mental de la felicidad que tenían todos los que le rodeaban.

No soñaba con una pareja servicial que le diera dos hijos, el niño y la niña, ni con los dos coches (el familiar y el deportivo, claro), ni el buen trabajo de empresario “trepa” que invita a sus superiores a una barbacoa en su chalet y ríe todas las gracias porque quiere llegar a ser jefe.


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El Dragón de Hielo:


dragondehieloEl Dragón de Hielo:
(Un post para un gran amigo, profesor y artista)
E imprudente se acerco a él el Niño Luciernaga, llegó hasta el orificio qu hacía las veces de oreja e inocentemente preguntó:
Dragón ¿Qué te pasa? hoy no te he visto en la taberna  haciendo cubitos de hielo o esculpiendo efimeras estatuas plasmando la también pasajera belleza de las ninfas…
El dragón se giró lentamente, con el ceño fruncido, no quería ser interrumpido en sus oscuros pensamientos; resópló y volvió el rostro, pero al volverse, la luz reflejada por las estalactitas de La Cueva de Cristaluna mostraron las graves heridas que el dragón sufría, había unas viejas, de traicíon y unas de decepción que de vez en cuando se reabría.
El Niño Luciernaga, se quedó un momento pensativo y luego se sentó junto al Dragón balanceando los pies al borde del precipicio de roca que conducía a lo más profundo de la caverna, y justo cuando el Dragón de hielo estaba carraspeando su escamosa garganta para que el “Lárgate, quiero estar solo” sonara más profundo y cavernoso, el Niño Luciernaga habló con su voz pueril:
-¿Sabes? eres muy afortunado…
El Dragón se quedó un poco confuso, pues se disponía a crear otra de sus dolorosas capas de hielo que crujía con furia, cuando de repente se presenta ese pequeñajo impertinente que …
-¿Qué sabrás tu de la fortuna? ni si quiera mi lecho es de oro, las heridas cada vez tardan más en curarse. Déjame en mi Solitaria Oscuridad…
- ¿Solitaria? ¿Oscuridad? por eso te decía que no sabías lo afortunado que eras…
Entonces, lento y arrullador como el Canto de la Noche, fue creciendo una melodía que empezo a cantar el Niño Luciernaga. Era una vieja canción, de amistad, de reencuentros, sedosa melodía, dulzona como el aire en los juncos.
Imaginad cuan grande sería la sorpresa del Dragón de Hielo cuando oyo que a la voz del joven se añadían primero una, luego otra más grave, y otra más allá. Todas a su alrededor de las que empezó a reconocer algunas, hasta que un caluroso coro de voces reconfortantes llenó de ecos resonantes toda la Caverna de Cristaluna. Pero a pesar de todo no veía a nadie.
Lentamente, según subía el tono y el ritmo de la melodía el níño luciernaga empezo a titlar, como indeciso, una luz debil y titubeante que se convirtió en una fuente casi deslumbrante que reveló a todos los congregados alredeor del Dragón, que estaba tan desconcertado y sin palabras, embriagado de aquella música balsámica, llena de bienestar que, henchido su pecho, se unió al canto y su piel se vistió de nieve de primavera, adornada con todo un arcoiris proyectados por la refracción de la luz del niño sobre los cristales de la fria caverna, que actuaban como prismas.
-¿Ves como eres afortunado? Todos ellos esaban aquí desde el principio aunque tu creías que te hallabas solo.
Pero no querían molestarte, sólo observaban tu dolor en silencio y solo esperaban a que pideras apoyo para aparecer. Pero respetaron tu silencio… Si tu llanto rueda hasta un corazón gélido, cada lágrima se congela haciendo más duro el muro de tu corazón. No creas que esto es una ventaja. Es una paradoja y una dura elección: seguir viviendo aunque duela o la isensibilidad.
Disculpa si yo no he obrado igual que ellos. Me gusta verte sonreir, tus ganas de seguir, tus alegres comentarios tu ilusión y sobre todo que estés bien.
Afuera hace un día de niebla fantástico, y Trieeqawë el Mago, dice que los astros hoy permitirán que obre su mágia…
¿ Vienes?
Te invito a licor de mandrágora si tu pones los hielos, por la nariz ¿eh? El último que llegue es un Frogúnculosanasana!!
Morphópolis… que bonito es de Noche.
T. Owen
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El dolar de plata:


El dolar de plata:
Una vez un amigo posteó acerca de tomar decisiones lanzando un dolar de plata y quería compartir con vosotros la contestación:
Se puede arrojar la moneda, puede que a un estanque donde la diosa Sulis escuche tus deseos. Tal vez lo mejor sea fundirla y hacer balas de plata para defenderse de esos indeseables Hombres Lobo.
Puede que caiga en el sombrero de algún artista callejero o mimo, que te agradecerá con un gesto que lo hayas librado de su incomoda posición. Puede que acabe en manos de un pobre de dudosa credibilidad.
O quizas en un máquina tragaperras en busca de esa pincelada de suerte.
Hay anticuarios que pagarían una buena cantidad por un ejemplar como ese.
Yo personalmente la pondría en un Jukebox y seleccionaría la canción que más me guste.
Bueno quizás le hayas cogido ya cariño a la moneda, su sonido cuando la lanzas, juguetear con ella entre los dedos, hacerla desaparecer para que al instante siguiente aparezca detrás de la oreja a la que llega la comisura de la amplia sonrisa de algún sobrino sorprendido…
Si, se le coje cariño. Si la conservas lo entenderé.
Sinceramente, no me importa lo que ocurra con esa moneda.
Confío en tu criterio y estoy convencido que escogerás la opción correcta después de sopesar las dos caras de la moneda.
Puedes depositar el peso de la decisión en ese doblón.
Puedes tirar la moneda…
Pero NUNCA tires la toalla.
T. Owen
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y es que se me va la cabeza…


Y es que se me va la cabeza, cuando te acercas, cuando me preguntas estando tan cerca. Mi boca busca la tuya, mis manos anhelan tu espalda. Sonrió si me dices que te bese, que te acaricie…

Cuando te acercas, siento tu aroma, que se me pega, que me estremece cuando lo recuerdo a cada momento en el que estas lejos… y es que se me va la cabeza…

Y dejo de sentir, dejo de respirar, solo me hace falta caminar entre tus sueños, en tus delirios, en tus pensamientos.

Salen solas las miradas, los suspiros que rompen mi calma, cuando te estiras, cuando me abrazas.

Es un sueño del que no despierto, una noche loca de risas y de diferentes encantos, de versos y estrofas que construyo al ritmo de mis latidos…


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Sentimiento sin sentido


A cada instante que lloro

porque me haces daño,

porque te sigo queriendo

y ya no puedo darte mi alma,

te voy odiando poco a poco

porque ya no me queda nada…

.

.

Amelie Melon_11.12.08

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Cuaderno de Vita-Cuore


Cuaderno de VitaCuore


Sentía la iridiscencia del amor en cada uno de sus sentidos, de aquella anhelada fusión pletórica; simbiosis nocturna a la que Ella le invitaba, cuando…

Se despertó con el frío mordiéndole los pies y una áspera almohada como placebo a su soledad.

Lavó su rostro para quitar los últimos trozos de sueño que le hacían de legañas.
Salió, después de un frugal desayuno de leche con penas, empujado por la irrefrenable fuerza de la rutina.

Llovía.
Llovía de tal manera que parecía que la lluvia había desteñido los colores de aquella mañana gris, llevándoselos por desagües y alcantarillas.
Era una mañana con la gama de grises que cabe esperar de una vieja película de detectives.

El repicar del agua, se le antojó como el eco del silencio en el cerebro, pero amplificado millones de veces.


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Gears (tercera parte)


(Ésta es la tercera parte de una saga, para ver la anterior haz click AQUÍ)

Uno de los hombres metió la mano en su gabardina mientras el otro hacía lo propio con el bolsillo del pantalón, este último de pronto se abalanzó contra Gear con una navaja en la mano… Tick-…. Tack… en apenas una décima de segundo Gear había agarrado el brazo del hombre y lo había doblado en un ángulo antinatural, eso y el “crack” que se oyó hizo sospechar a los tres que el brazo se había roto. Gear le retiró la navaja de la mano y sin pensarlo dos veces le rebanó el cuello… Tick-… Sus engranajes se habían parado del todo, lo que significaba que ya estaba muerto antes siquiera de tocar el suelo.

Tick-Tack.


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