Ewah
Sabía hacer demasiado bien su trabajo.
Pero lo odiaba, odiaba su trabajo y que se le diera tan bien.
Ella siempre atraía a los clientes más jóvenes y los envolvía en una vertiginosa espiral de risas.
Ellos siempre querían más.
Volver a montar a la de rubia cabellera y balancearse arriba y abajo.
Volver a esa trepidante espiral donde hallaban por unos minutos la felicidad.
Las demás le tenían envidia y Ewah tenía que aguantar las miradas de ésos ojos vacíos y exageradamente pintados.
Le hubiera encantado decirles a todas que se podían quedar con todos los clientes.
Sobre todo con Buddy, el más gordito. No lo aguantaba, además siempre la manchaba con comida.
No podía más.
Esa noche lo haría.







