Réquiem
El llanto nublado de Octubre cae entre titanes de hormigón y cristal, mientras el silencio de los caminantes se funde con el asfalto y el agua.
La ciudad ha muerto.
Las sombras vagan por sus aceras envueltas en los cascarones vacíos de lo que un día fueron personas; los niños buscan en las calles el rastro de la luz del sol, incapaces de recordar su caricia.
La ciudad ha muerto.
Su cadáver yace postrado donde siempre estuvo, y donde por siempre estará, condenada al abandono en una eternidad que la olvidó incluso antes de concebirla.
La ciudad ha muerto.
La brisa ya no arrastra el aliento gris de sus corceles de acero. Los hombres han dejado de pensar en el presente y de creer en el futuro. Ya no hay vigor en las miradas, solo oscuridad. No hay día. No hay noche. No hay vida. No hay esperanza…







