El Ojo del Huracán.
Allí estaba yo, justo en el centro de una espiral de devastación…
El derrumbe de todo lo que conocía rugía con agonía.
Un mar de manos tendidas hacia mí pidiendo socorro.
Yo estaba tras un muro invisible de impotencia.
La desgracia giraba en torno a mí como un derviche en trance.
Podía ver el rostro de Kali, sonriéndome mientras sacaba su lengua en una terrible mueca
y me miraba con sus ojos enajenados y su collar de cabezas degolladas.
El vendaval de acontecimientos intentaba alcanzarme mas, ni un escombro, ni una ceniza, ni una mota de polvo logró rozar siquiera la forma que contenía las ruinas de mi interior.
Mi castigo era el de ver el sufrimiento en derredor y no poder hacer nada.
Lo veía todo, lo sentía todo, siempre desde el ojo del huracán.
T. Owen







