SOPA DE RELATOS

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1641-El abanico de hierro (I)


El atardecer derramaba fuego sobre Madrid.

Los últimos transeúntes erraban en silencio esquivando en vano los aires inmundos y el polvo que levantaban los carros. Trágicamente, la lenta e imparable decadencia consumía un imperio en que, en el fondo, siempre se había puesto el sol. En pocos minutos la grandiosidad de la destronada capital del mundo sería poco más que una ciénaga de sombras y desgracia.

 

Mientras el cielo y la tierra se fundían en un fulgor escarlata, un hombre atormentado por el amor y los recuerdos caminaba sin rumbo, luchando por mantener la sobriedad y la cordura. Don Álvaro de la Torre. Joven, adinerado, diestro en la estrategia y la espada, capitán de la guardia personal del Duque de Medina-Sidonia… pero ¿qué importaba aquello ya?. Nada. Desde el día en que la conoció nada ni nadie más ocupo sus pensamientos. Su deber mismo, su vida, su honra, todo había perdido el significado. Había estado tan cegado…


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Linealidades


Volvemos a tropezar en trampas de ilusiones que pasan más de media vida arremetiendo contra el cristal de la bombilla, con más pena que gloria, y más sabor a derrota y hiel para enjugarnos los sueños. Lo malo de alimentar las esperanzas con adrenalina y caladitas de quimeras es que tu eres tu propio camello, tu propia adicción, tu propio sindrome de fracaso. Ahora las mariposas se han disecado en mis tripas y estoy haciendo de vientre dentro del corazón…

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Ya no pinto nada


¡Ay! Vaya desgracia la mía.

¿Cómo llegué a caer en este estado?

Yo, que siempre fui un destacado entre los míos…

Aún recuerdo cuando estaba yo clasificado al lado de mis flamantes hermanos, en una tienda de artes plásticas.

No éramos rotuladores cualesquiera, de esos que venden en los chinos, no.

Nosotros éramos Rotuladores Pincel; con punta fina y firme por un lado y en el otro unas suaves y flexibles cerdas que permitían unos trazos de ancho variable.

Yo era el 090 Amarillo Bebé, de la serie de colores brillantes, y hablo en pasado porque espero que ningún bebé tenga el aspecto que yo tengo ahora.

Sólo el 990 era un amarillo de un tono más claro y delicado.

Una vez, un artista se decidió a comprarnos a mí y a 9 de mis hermanos (éramos una elección obvia).


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Poema irónico.


Te abriría la cabeza con un destornillador.

 

Te estrangularía con el tubo del aspirador.

 

Te abriría el canal con una horquilla.

 

Te cortaría en la femoral con una cuchilla.

 

Te tiraría desde el séptimo piso en pelotas.

 

Te envenenaría con lejía en la sopa.

 

Te asfixiaría abriendo la llave del gas.

 

Te torturaría hasta que no pudieras más.

 

 

 

Te haría todas estas cosas cada vez que lo vuelves a hacer. Pero no lo hago. ¿Sabes porqué? Porque te quiero mucho.

 

 

 

Feliz día de la Madre.

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