SOPA DE RELATOS

Encuentra al escritor que tienes dentro

Oda Hola


Damas y caballeros, esta noche, tengo el honor de presentarles mi última creación. Fruto de mis desvelos, mi trabajo, mi talento, en resumen, mi arte. Como viene siendo habitual en mí, he tratado de transgredir los límites de la razón y la conciencia con un arrebatador alegato íntimo y adyacente, capaz de deslumbrar sin duda alguna la mejor de las mentes aquí presentes. Sé que quizás peco de atrevimiento, pero los elegidos como yo no podemos dejar pasar la oportunidad de mostrar al mundo todo cuanto somos capaces de construir con el poder del intelecto. Tamaña obra, que en un alarde de imaginación he titulado Hola, es el fruto que quiero compartir ante mis comensales preferidos. Ante ustedes, aquí está mi obra.

[Aplausos apoteósicos]

[Breve silencio]

[Carraspeo del autor]

Hola

Hola, hola

Oh tú, hola

Hola, como una ola

Candente temor, sufrimiento eterno


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Políticamente incorrecto.


-Y el premio es para…

-¡Ay que nervios! ¡Ya tenemos el sobre!

- Vamos Lucyb, preciosa, sólo tienes que abrir el sobre y revelar en nombre del ganador, no tortures así a nuestros pobres plasma-videntes.

-¡Ay! Ji ji ya sabes los nervios del instantáneo…

-Y el agraciado es…

-¡Partik Kustov Sullivan! ¡Un fuerte aplauso!

-¡Gracias! ¡Gracias desde lo más eléctrico de mi Bio-electrórgano! No quería desaprovechar esta oportunidad que se me brinda para fonetizar unas palabras. M1ke es el procesador que me ayuda con los discursos; lo siento M1ke, ésta vez me tomaré esta pequeña licencia para celebrar mi triunfo.

Para llegar hasta aquí he tenido que esforzarme y sufrir de un modo, que por mucho que me empeñe en detallar, jamás podríais aprehender.

La selección no es fácil.


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Antes muerta que sencilla


Decía que buscaba a un tipo corriente, pero ninguno era suficientemente bueno. Cuando por fin lo encontrara, adoraría a su novio popular, con quien pasaría horas escuchando el silencio de sus diferencias. Las chicas de hoy en día son unas zorras, criticaba mientras se subía la minifalda.
Presumía de su gran casa con pista de padel y vistas al mar, mientras veneraba a escondidas la vida de las heroínas de película que alcanzaban a pulso sus sueños. Hacía gala de ese cinismo convencional de quienes carecen de ideales, cacareando con petulancia opiniones ajenas. Y aunque siempre tuvo curiosidad por aprender, vivía demasiado cómoda en su sueño de princesa. Visitaba los locales de moda, coleccionando amigos desconocidos de cuya cantidad pavonearse.
Le preocupaban los problemas sociales y las crisis humanas, pero antes que en obras de caridad prefería gastarse cinco euros en comprar la Telva y la Hola. La colonia, Chanel, sin que nunca lograra encontrar un perfume que disimulara la mediocridad. Le encantaba sentirse el centro de atención, pero por las noches lloraba su soledad. Vestía con clase para que la piropearan los obreros y las niñas la imitaran. Caminaba contoneándose por presumir de la figura que había conseguido a base de dietas, para después criticar a quienes se contoneaban frente a ella. Envidiaba la amistad ideal de sus novelas, pero no podía evitar el morbo de las batallitas y rumores con sus propias amistades.
Y, al fin, podría alardear de haber dejado a medias su carrera para dedicarse en cuerpo y alma a su marido experto en bolsa, en una casa con pista de padel y vistas al mar. Con dos hijos vestidos a conjunto. O, si había suerte, con tres.


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