Tardes de bilis y poesía corrupta
Todos tenemos nuestras propias horcas,
alter egos demasiado descosidos a la altura de la realidad.
La versión de nuestros hechos en otros labios
que rebosan acidez histriónica y alebosía sabor pintalabios del todo a cien.
Yo no me lo creí entonces,
tampoco ahora que he aprendido a aguantar la vida en los pulmones.
La aceras cediéndonos las derrotas que nos repiquetean en las cuencas vacias de todas esas luchas en las que siempre falto algo más de rock and roll a toda hostia.
¿Alguien más se rie justo antes de vomitar todas sus imperfecciones?







