Relato del agua…
Caspian movía sus tentáculos de manera inusual, pero sin plena consciencia de ello. Para Sigmund, el guardián de la colonia estaba claro. Caspian guardaba un secreto. Era inútil torturarle, pues podía ser cualquier tontería, que no hiciese correr peligro al resto de la colonia; pero como guardián sabía que tenía que conocer toda la información pues cada secreto era una grieta potencial en sus defensas. A pesar del nerviosismo que Caspian le infundaba con su actittud, Sigmund, había sido elegido Guardián por ser el más racional de todos ellos. Así que apretó el pico, y se serenizó un poco antes de acercarse a comunicarse con Caspian.
Sigmund diluyó sus pupilas intrigado por la consecución de los actos. Caspian había cambiado de color cuando él se había acercado. Era el mecanismo de defensa que cualquier calamar usaría cuando se sentía amenazados. Y se había alejado de allí soltando volutas de tinta para no ser perseguido de cerca.







