SOPA DE RELATOS

Encuentra al escritor que tienes dentro

Dedos de 9mm


Tus sienes jugando a la ruleta rusa y tu lengua desafiando el toca discos hacen que refrescarse bajo la sombra de una bomba nuclear a punto de estrellarse sea la nueva cordura moderna. Después del impacto no pasa nada. Sigue pasando nada. Y derepente todo desbordandose en nuestras cavernas internas. Ahogarse respirando es tan jodidamente fácil. Siempre tendremos excusas para no vivir nuestra vida. Siempre necesitaremos un sitio donde escondernos. Siempre.
La única alternativa es que todos seamos eternamente estúpidos

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La tripulación del Cuervo Negro…


Llevaba largos días deambulando por la ciudad. No conseguía ni recordar su nombre, sólo sé que se trataba de una de las ciudades de Atenas atacadas por la alianza. Mi estancia aquí pretendía durar pocas horas, a lo malo algún día, hasta que alguien me acogiera en su nave. Ahora había conseguido enterarme de que una tripulación estaba buscando hombres. Sólo tendría que pasar una sencilla entrevista con el capitán y todo estaría listo.

- “Buenos días chico” – me dijo un hombre sentado frente a una mesa. – “¿Qué clase de broma es ésta Wyatt?” – Ahora se dirigía a un hombre que estaba de pie a su lado - “Te pido que encuentres una tripulación de verdad, que valgan para realizar las transacciones que nos traemos entre manos, ¿y me presentas a un chaval?,… esto,… ¿Qué años tienes chico?”


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Akodo Shotoku: Intro (2de2)


Cuando Shotoku se colocó su hoate había terminado, por fin, de colocarse su armadura. Se encaminó con paso firme a través del domo con la cabeza alta, como cualquier guerrero de su categoría haría, y se detuvo bajo el umbral de la puerta a recordar su pasado, aquel pasado que ahora le costaba su rango, y su vida…

Se arrodilló frente a uno de los Hatamotos infiltrados en el Clan del León. Rezó una última oración y levantó su espada con ambas manos, delante de él, a la altura de los hombros. Su mirada no expresaba temor, más bien lo generaba. Nadie sabía que se le pasaba por la cabeza al joven Shotoku. El Hatamoto paseaba divertido tras de él, con la punta de la katana rozando el suelo. Entonces la levantó y cogió aire, un último movimiento y el alma del samurai se uniría al de sus antepasados.


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Akodo Shotoku: Intro (1de2)


Cuando Shotoku se colocó su hoate había terminado, por fin, de colocarse su armadura. Se encaminó con paso firme a través del domo con la cabeza alta, como cualquier guerrero de su categoría haría, y se detuvo bajo el umbral de la puerta a recordar su pasado, aquel pasado que ahora le costaba su rango, y su vida…

Era principios del s XVII cuando la familia Tokugawa inició el periodo Edo. Por aquel entonces Akodo “hatsu-mosuko”, tenía unos 8 años de edad. Provenía de una familia de casta noble, los Akodo, la nobleza del clan del León – ferozmente devotos del honor y de los ideales del bushido, más que ninguna otra familia del imperio.

Creció bajo el entrenamiento otorgado por su padre y allí aprendió varias cosas que le marcarían su vida:


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