SOPA DE RELATOS

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SOPA DE RELATOS informa…


Recordamos que hoy acaba el plazo para elegir el (o los) relato destacado del mes pasado.

Estos son los candidatos:

· Estoy Dentro (Newowen)

· Silencio, Se Rueda (Gazpachou)

· El Diario de… Invitado Especial (Lascivo)

· La Ceniceros (Zilniya)

En la barra lateral izquierda está la votación. ¡Aún puedes votar!

Mañana daremos a conocer el ganador. Y dentro de unos días pondremos la votación para elegir el mejor relato de este mes. ¡Mucha suerte!

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El Equipo Administrativo de SOPA DE RELATOS

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Llueve…


Todo empezó un catorce de enero. Tal vez pura coincidencia, pero ese sábado la luna llena inundó el firmamento con una claridad que deslumbró al propio reflejo del invierno e hizo palidecer a todas aquellas trivialidades que ocupaban espacio en el tiempo y el invierno. La noche (ya se sabe que después de la tormenta viene la calma) se disponía a velar el sueño de los habitantes de la ciudad, exhaustos de una semana de reencuentro con la realidad, relegada al último lugar de deseos para el nuevo año. El humo del cigarro se entrelazaba con las notas de aquella base de jazz de una manera perfecta, tan delicada que temía que la suave brisa de enero quisiese jugar con la efímera fragilidad de lo abstracto. Por eso se levantó del sillón y cerró la ventana. Observó el reflejo de la luna en el asfalto, que brillaba debido a la fuerte tormenta que había previsto la mujer del tiempo a la hora de desayunar. Había sido una sucesión de luz y sonido, ecos lejanos de las furiosas tempestades que los dioses tenían a bien regalarnos en un alarde de superioridad sobrehumana. Los violentos rayos que agrietaban el oscuro cielo, plagado de nubes, eran una premonición del estruendo que había de terminar d romper la bóveda celeste. Dejó que el sonido inconfundible del vinilo inundase cada espacio de la habitación, mientras aquella voz la envolvía en una atmósfera de calidez en la que, poco a poco, muy lentamente, fue cayendo en la dulce agonía del sueño. En su mente comenzaron a surgir nuevas partituras, saxofones y clarinetes improvisaban melodías sobre la base que el piano de Casablanca les brindaba, en una ocasión única de simbiosis perfecta, mientras el humo volvía a bailar con un silencio de corchea a contratiempo. Poco a poco la música se fue diluyendo y sólo quedó un océano de pentagramas en clave nublada, vacíos, sin sustancia ya que les diese vida.


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Morir no es necesariamente “acabar de”, sino “empezar a”.


Y mientras volvía en el coche sentía una especie de vacío. Ya había desistido de averiguar de dónde salían esas sensaciones. Se limitó a apoyar la cabeza en la ventanilla y aislarse del mundo. Parecía complicado. Ese cielo tan feo, rojizo como un crepúsculo sangriento, que se había comido una a una todas las estrellas del universo. Sí, era bastante complicado imaginar algo mejor viendo una realidad tan aplastante. Pensó cuánta gente habría en ese momento mirando el mismo cielo, derramando las mismas lágrimas, persiguiendo las mismas metas. Mientras tanto, la banda sonora de su vida seguía corriendo, marcando la escena que le tocaba vivir. Se vio subida encima de la luna, superando el vértigo que siempre le había dado volar demasiado alto. Sabía que era importante no dejar que le cortasen las alas. Y sabía también que siempre habría gente dispuesta a hacerlo. Lucharía por seguir surcando el cielo. Pero decidió que en el mismo momento en el que la derribaran sería ella misma la que vengase su propia muerte. Explotaría en mil pedazos, se fraccionaría cada vez más; ardería para convertirse luego en hielo, cortante como si de una espada se tratara, afilada como la lengua viperina de todos aquellos que la odiaban. Supo que su muerte no sería más que un nuevo comienzo. Estaba destinada a hacer algo grande, aunque ni ella misma lo admitiese.


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24 de mayo.


Enamorada de mí misma, pero sin llegar a narcisista… Si cada centímetro de mi cripta es un monumento, si encuentro el placer en el momento en el que el pincel pinta mis dedos en un lienzo, recorriendo el universo en un solo movimiento… Y si quieres te lo cuento, pero te advierto que mi cuento es un secreto, y ese que lo escuchó hace tiempo que está muerto… Pero insistiendo en el recuento entre vivos y caídos te repito que mi verso es infinito, y que a los hechos me remito si te digo que ilumino la cara oculta de la luna, que mi cultura llega a ser absurda y por eso leo runas en los muros de tus ruinas, que la cima de mi rima alcanza cotas nunca antes conseguidas y las masas se retiran cuando empiezo a recitar, y mi mente vaga libre desde el mar hasta la fiebre que asciende cuando vuelvo a delirar; si de normal no paso de 35 grados de versos condensados, concentrados en filosofía a sangre fría, y hoy la vista se me nubla y se me enquista mientras las lágrimas empapan el papel de la revista que me narra la agonía de una Tierra que respira ya sin vida, porque midan lo que midan vaticinan resultados, y los hados me confirman que la esperanza está perdida… Pero levantas la mirada y escuchas otra risa, y enamorada de ti misma sientes que la alegría se contagia, así que das otra calada y pronuncias la palabra que buscabas…


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