Un relato en cinco minutos
Hoy he ido a una iglesia y el cura me ha confesado. Le he dicho que he robado el dinero del cestillo y me he bebido el vino de misa.
Jamás vi a un hombre de Dios caer tan profundamente en la ira. Me ha empezado a gritar, a decirme que me fuera, a decirme que soy la vergüenza de su casa… Es que es mi hijo. Desde hace unos años vivo con él, desde que murió su madre. Mi mujer, ¡qué mujer! ¡Y qué croquetas, oiga!
Cambié el sexo por las croquetas desde que teníamos cuarenta años. Sus últimos treinta, me dejé el colesterol y la figura. Claro que el infarto lo sufrió ella. Y la figura no es que la perdiera, sino que la encontré. Esférica perfecta. Llegué a ir a la facultad de Matemáticas como ejemplo para una clase. Incluso fui el tema central de la tesis de uno de los profesores. “Estudios de las geodésicas en espécimen humano. Un tratado de la información de trayectorias óptimas”, se llamaba.







