El Supermercado (Parte II)

– ¿Tiene algún problema, señora? – preguntó el oficial Ray, ajustandose su sombrero texano y sus gafas de sol, en las cuales se reflejaban los sorprendidos rostros de la señora Gutierrez y de Maoubo, el hombre pollo del establecimiento.

– Oh , no, simplemente me ha llamado la atencion el precio de… – masculló ella. Pero Ray hizo caso omisó y dirigió su mirada a Maoubo.

– ¿Tiene usted algún documento de identificación, señor? – preguntó, en un tono de voz que indicaba el deseo de que Maoubo fuese inidentificable.

– Oiga señol Ray, usté sabe bien quien soy yo ¿sí? Llevo trabajando aquí do semana.

– Enseñeme su carnet de conducir, porfavor – respondió Ray, ajustandose de nuevo su sombrero color beige.

– Yo no conduco papi. ¿Me pue dejar trabaja? Intento hasé mi trabajo.

– Vayase usted a detener a esas chicas que se desnudan en la calle Breks, ¡él solo hace su trabajo! – añadió un viejo.

Alrededor del oficial Ray, la señora Gutierrez y el hombre-pollo Maoubo se había formado un remolino de curiosos que pasaban por el lugar.

– Grasia seño – dijo, desdeñoso, Maoubo.

– Tu , negro – dijo el oficial cogiendo por la pechera al africano – vas a acompañarme a la comisaria de imediato.

– ¡Sueltele! ¿Así que un buen muchacho de color no puede ganarse la vida? Convenzanse – dijo ahora el viejo, mirando a la gente que les rodeaba, como si estuviese dando un discurso – esto es el comunismo, esto antes no pasaba.

– ¿Me está usted llamando comunista? – preguntó el policia al viejo, mientras miraba de reojo a Maoubo – Le llevaré también  a usted, así mirará mejor a quién acusa de traidor a la patria.

En ese instante, la señora Gutierrez decidió abandonar aquel terrible sitio. Haría la compra en cualquier otro supermercado, pero se tenía que dar prisa. Justo cuando iba a dar un par de empujones a la gente del cada vez mas enorme circulo, escuchó un disparo, y sintió un par de gotas de liquido espeso que le salpicaron la nuca. Se toco el liquido en cuestión con la punta del dedo indice y luego se lo miró: era sangre. Justo iba a girarse para ver que era, cuando…

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