SOPA DE RELATOS

Encuentra al escritor que tienes dentro

Te tengo.


Sigue sorprendiéndome la luz que irradia tu piel. Nunca me cansaré de observarte. Recuerdo aquella vez que jugamos a mirarnos, toda una noche, sentados en la cama, frente a frente… y cuando amaneció estaba tan empalmado y tan convencido de nuestro amor que te mantuve horas gimiendo…
Ahora es distinto… todo es muy distinto.
Estás dormida, y espero que despiertes. Además de dormida, estás drogada, desnuda y atada a la cama. Yo también estoy drogado, claro que no tanto como tú.
Comienzas a moverte despacio, y abres los ojos. Intentas quitarte un mechón negro y rizado de la frente, y es entonces cuando te percatas de la situación. Tu mirada recorre la habitación, espantada, hasta que se topa con mis ojos. Mueves la boca queriendo decir algo, pero ya he apretado el botón de la minicadena, y sólo se escucha un estruendo de música house que hace retumbar el suelo.
Me levanto y avanzo los pasos que me separan del cabecero de la cama, sin dejar de mirarte a los ojos. Sigues hablando, o gritando, pero paso de escucharte. Hoy no quiero escucharte, ni tengo nada que decir, porque ya lo sabes todo.


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Un nuevo camino (Capítulo 2)


(Capítulo anterior:
http://sopaderelatos.com/2009/03/21/un-nuevo-camino-capitulo-1/)

… y me apuntó directamente a la cabeza. En su mirada vi determinación, y supe que no dudaría un segundo en apretar el gatillo si veía que le plantaba cara, así que decidí tirarme al suelo fingiendo estar malherida. El vampiro, al verme caer en mi intento de levantarme, rió de satisfacción, y comenzó a burlarse de mí, confiado:

- Vaya vaya, así que ahora mandan a una atractiva novata a hacer lo que no se atreven los antiguos vampiros, eh? – creyendo que la batalla ya se había decidido a su favor, decidió que no había nada de malo en seguir jugando un poco, y volvió a dispararme, esta vez en la pierna. – ¿Qué pasa, no puedes levantarte, guapa? ¿o es que me tienes miedo?


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La ola final


la-ola-final

Abro los ojos y todos mis compañeros se han marchado. La clase está llena de polvo y ceniza. No hay nadie más que yo, pese a que puedo oir muchos latidos de corazón. Corazones que no son el mío, suenan como un reloj, como una cuenta atrás que no se detendrá: 3, 2, 1… una gran explosión. El aire se torna en un maravilloso color rojizo que inunda mi alma, después no se escucha nada. Noto que sólo tengo un oido, el otro se deshace entre mis dedos al tocarlo, no queda ningún rastro de lo que una vez hubo allí.

Mi razón se ve sobrepasada, no comprendo qué ha podido ocurrir, sé dónde estoy, pero no cómo he llegado allí. Tengo por primera vez ganas de gritar, ganas de romper mi garganta cantando al abismo donde un lobo aúlla a la mar y las gaviotas le sacan los ojos al último niño espartano que no debió nacer. Sin embargo, mi voz quebrada sólo dispensa un hilillo de sangre cobriza, de sangre aguada e impura.


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Soledad, más que su nombre


Soledad es menuda, de ojos abiertos, oscuros y redondos; de pasos pequeños, rápidos y silenciosos; de boca apretada y labios que no han sido nunca besados. Viste como monja sin hábitos y vive en la misma casa que la vio nacer, allá por los años más duros de la posguerra, y en la que, probablemente morirá si antes no se viene abajo como un castillo de naipes.

Desde que dejó de trabajar por una prejubilación bancaria hace más de una década, ocupa su tiempo en la iglesia del barrio, tal vez porque no tiene perro o gato que hagan más cálidas las paredes que la cobijan. Hija única, de familia corta, no cuenta con más compañía que los rezos y la monotonía de las misas de la tarde.


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Lagrimas Frías


Recuerdos… ¿ahora en un momento como este llegan a mi recuerdos como estos?, miro atrás fatigada de tanto correr me abrazo y cierro los ojos llegan a mi imágenes de él, me abraza tan fuerte queriendo protegerme como si fuera la única en su vida, lo veo caer con migo, no entendía que pasaba solo escuche tres tiros, quedo bajo su cuerpo, queriendo proteger sin pensar en las consecuencias.

Corro desesperadamente los arbustos rasgan mi piel dañan mi ropa, sabiendo que un zapato se me cae, pero no tengo mas tiempo de detenerme, ahora pienso lo que él me dijo en ese preciso momento.

-          ¡Corre…! No pares te lo ruego no pares… por favor logra escapar.


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