Te tengo.
Sigue sorprendiéndome la luz que irradia tu piel. Nunca me cansaré de observarte. Recuerdo aquella vez que jugamos a mirarnos, toda una noche, sentados en la cama, frente a frente… y cuando amaneció estaba tan empalmado y tan convencido de nuestro amor que te mantuve horas gimiendo…
Ahora es distinto… todo es muy distinto.
Estás dormida, y espero que despiertes. Además de dormida, estás drogada, desnuda y atada a la cama. Yo también estoy drogado, claro que no tanto como tú.
Comienzas a moverte despacio, y abres los ojos. Intentas quitarte un mechón negro y rizado de la frente, y es entonces cuando te percatas de la situación. Tu mirada recorre la habitación, espantada, hasta que se topa con mis ojos. Mueves la boca queriendo decir algo, pero ya he apretado el botón de la minicadena, y sólo se escucha un estruendo de música house que hace retumbar el suelo.
Me levanto y avanzo los pasos que me separan del cabecero de la cama, sin dejar de mirarte a los ojos. Sigues hablando, o gritando, pero paso de escucharte. Hoy no quiero escucharte, ni tengo nada que decir, porque ya lo sabes todo.








