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El zulo era deprimente, pero muy amplio y suficiente para que se hospedase una familia entera, como era el caso. Las paredes eran de ladrillo y relucían las telarañas y asomaban las ratas. El niño aveces se divertía disparando con la 9 milimetros de su padre. Juan, apodado ”el vaquilla” por el resto de la mafia vallecana, se recostó en el sofá, cerró los ojos y se dejó llevar por el sueño…
”Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing”
- ¡Lisa! ¡¿Lisa cariño porqué no coges el telefono?! ¡Papi quiere dormirse!
Puesto que no recibió respuesta alguna de su hija, se dispuso a descolgar.
- Sí, digame.
- ¡Hola! ¿Es usted Juan Garcia Lasa? Le llamamos de Telefonica.
- Errr, si, pero no nos interesa, ¿eh? Muchas gracias.
- Es importante, caballero. Debe usted mas de doce mil euros en gastos telefonicos.
- ¿¿¡¡Cómo!!??







