Coches grandes para gente pequeña
Joaquín estaba a bordo de su coche Land Cruiser, inmenso y colosal. Y veía al resto de los mortales por encima del hombro. Tan patéticos y pequeñitos. El ego de Joaquín era tan grande como pequeño su pene. Su complejo de inferioridad era compensado por otro de falsa superioridad que crecía día a día. En su trabajo (un buen trabajo, tenía a más de diez personas a su responsabilidad) era un verdadero cabrón, y un perfecto lameculos para con sus superiores.
Pero vamos a lo importante, Joaquín estaba a bordo de su Land Cruiser. Él y su ego seguían pensando en las musarañas cuando un minúsculo coche, un Smart, de esos tan minúsculos que sólo tienen dos plazas, se le puso delante haciendo una maniobra relativamente brusca. Indignado, Joaquín intentó adelantarle. Pero en el carril de su izquierda, un viejo mierdoso a los mandos de otra minucia de coche circulaba paralelo a él, sin cambiar su velocidad. “Putos viejos”, pensó Joaquín, cada vez más cabreado, mientras pegaba su morro al culo del cabronazo de delante. También le dio ráfagas con las largas, a ver si no iba él a tocarle los cojones a un mierda, con el pedazo de carro que le costó un pastón. Joder.







