Un hermoso día… como siempre.
La calle no estaba especialmente concurrida, pero tampoco se podía decir que estuviera desierta. Yo iba con ella de la mano, sin preocupaciones, sin problemas. Dos tipos, de unos 20 años cada uno nos cerraron el paso. Un bate de béisbol y lo que parecía ser una armónica fue todo lo que les vi en las manos.
-Baila para nosotros o nos divertiremos con ella.- Fue todo lo que dijo el más alto de ellos.
Sin pensármelo evoqué en mi mente una popular chirigota de mi región y con todo comencé a emular sus rigurosos y precisos movimientos, mientras los dos matones daban palmas y lanzaban alabanzas.
Cuando se cansaron de mi danza popular uno de ellos me estrelló el bate contra la cabeza, haciendo crujir mis mándibulas. Lo siguiente fue notar como el rojo elixir manaba de la herida. El muy bruto probablemente me había abierto el coco en dos trozos. Antes de que mi vista se nublara del todo vi como ella se marchaba con uno de ellos de la mano, riéndose a pleno pulmón.







