SOPA DE RELATOS

Encuentra al escritor que tienes dentro

Como un alma romántica.


Rozando con los dedos el suave mecer de la inconsciencia que cubre tus bohemios pensamientos, gira mi vida al rededor de tus crueles tormentos, como un alma romántica que busca el aprecio del desprecio que desprende todo tu silencio. Como alma en pena que camina en soledad ansiando ver el borde, o algo que se asimile a la realidad…
Mas no puedo evitar hablar de boca hacia afuera, pues lo que realmente mi mente desea es vivir acomplejada por tu desdén y tus pasadas, como un alma romántica. Y aunque en mis rezos y plegarias a la luna y los dioses les pida tu llamada, el interior de mi luz desea ver como me amargas, como un alma romántica.
Escribiendo en mil y un libros tus miradas, tus suspiros, tus bostezos, como alma en pena, escribiendo en mil y un libros el deseo de verte cerca, incumplido por mi torpeza. Y aunque en el silencio de la noche mis lágrimas se mezclen con el tupido velo de las estrellas en el cielo, en el fondo sé que lo que quiero hacer es seguir viviendo mi historia de amor en silencio, como un alma romántica…
Deseando morir por encontrar absurdo mi comportamiento, mi timidez y mi recelo, en el fondo, no más que una máscara que murmulla o hace el intento, como un alma romántica. Porque el ingenio se alberga en corazones turbulentos, en almas caídas que viven en el más silencioso tormento, como un alma romántica…


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Extraña Criatura


Una vez leí un relato a cerca de criaturas fantásticas, pensé que tonterías nunca podría existir una criatura así. En el relato que leí se hablaba de vampiros, un tema muy frecuente hoy en día algo que gusta, a mí me es indiferente, hasta que topé con algo parecido. Se describen a los vampiros, como seres atrayentes, su olor, su voz, su personalidad casi increíble, algo sin límites, piensas ¿cómo puede esconderse una horrible criatura bajo esa fachada? Están preparados para el ataque, diseñados… decían, la persona con la que me topé tiene mucho de eso, una persona con aspecto delicado, casi angelical, te atrae con su intriga y misterio, te atrapa con una sola mirada, creí ser fuerte a eso pero no lo fui, acabe presa de su cínico juego, casi sin darme cuenta, caí en su trampa mortal, a mi paso oí voces de mortales que descubrieron su juego, más esa criatura me cegó, me hizo sorda a las palabras ajenas a su boca, casi llamo a esto que sentía “amor”. Esta persona está al igual que los vampiros diseñada para atrapar, todo a su alrededor incita al deseo, que va desprendiendo a su paso. Un día me desvelo su verdadera identidad, la verdadera tras esa mascara, de persona inocente, se descubrió el monstruo que habitaba dentro de ese cuerpo. Sus encantos eran tan fuertes…que aún viéndome presa, aún sabiendo que el monstruo de su interior me iba a devorar, deje que lo hiciera sin más, pero aquel día lleno de confusión, no se todavía muy bien lo que paso, que aquella criatura cuando a punto de acabar conmigo estaba, cambio de parecer, se resigno, me dejo huir, al ver que yo no hacía nada por salvarme, la criatura se arrepintió, quiso poner fin a un juego que el mismo creó, decidió regalarme el último suspiro, una vez mostrado su lado salvaje y animal se fue, desveló la trampa antes de que cayera sin remedio, antes de acabar conmigo me dio el antídoto para abrir los ojos, y luchar contra él. Así fue como empecé a creer que esas criaturas existen, aunque esta vez fui una presa que se libro de su cazador, está experiencia me dio la fuerza para no ser más la presa, ni convertirme en cazador, me dio la fuerza para mantenerme al margen de los dos.


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El Regreso


El Regreso

Davo Valdés de la Campa.

La noche se apoderó del camino entero; con sus dedos largos y uñas afiladas rasgó el cielo y la esencia de las sombras se dispersó por el horizonte. El camión navegaba por la carretera. Desde mi asiento observaba como se apagaba el día entre parpadeos fortuitos. De pronto las barrancas y el valle se iluminaban completamente. Todo parecía arder en un fuego uniforme y sereno. Girábamos por una curva pronunciada y por la ventana pude ver las miles o ¿millones? de luces que se aglomeraban en Cuernavaca. Atrás, la Ciudad de México desaparecía en una línea cada vez menos reconocible. Podía ver los focos que alumbraban lo más alto del cerro, entre las barrancas malditas y los volcanes dormidos. Miraba los candiles que crecían y se minimizaban conforme me acercaba a la ciudad. La primavera se había esfumado para siempre.


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