SOPA DE RELATOS

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El Artófago.


El primer caso se dio en una sala del Museo del Prado de Madrid.

En la sección de Goya, sus “pinturas negras” se habían puesto a la par de la obra de Rothko en cuanto a la pureza descriptiva del nombre de la obra para con ésta (tampoco hay mucho que describir…) o podríamos decir que se convirtieron en la antítesis del “blanco sobre blanco” de Malévitch.
Dentro del marco sólo vacío.
Las noticias lo achacaron a un acto de vandalismo a algún dadaísta iconoclasta o a algún enfermo mental.
Otros acusaron al vigilante de seguridad, pero las cámaras revelaron que él no estaba allí en ése momento.
Nadie estuvo allí. La obra sencillamente se tornó negra por completo.

Mientras los especialistas sometían a estrambóticas pruebas piezas microscópicas de lienzo, los atónitos turistas del Louvre declaraban haber visto una sombra que se daba un rápido atracón con un cuadro de Arcimboldo y desaparecía dejando un rastro irisado y cambiante que echó humo y luego no dejó más rastro.


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Aullidos


Él. Contrito. Cerrado.
Alejado de la manada.
Sin dejarse cercar por normas,
por costumbres.
Siguiendo su propio destino.
Sin ataduras ni cadenas.
En libertad.
Sin necesitar nada más.

Ella. Joven. Perdida.
Buscando nuevos puntos de mira.
Anhelando nuevos horizontes,
nuevos lugares.
Deseando encontrar su propio camino.
Sin excesos ni defectos.
En armonia.
Sin saber que necesita.

Un día, en un punto del cielo
confluyeron ambos.
Se cruzaron las miradas y las ganas.
Curiosidad mutua por ese otro ser
que no pendía de un hilo,
que no dependía de nadie.

Decidieron entonces aullar al mismo ritmo.
Buscar juntos su destino.
Andar a la par su camino.
Crear una manada propia
sin normas ni desatinos.

Porque hasta el animal más salvaje puede apaciguarse si se sabe hacer la caricia correcta…

 

 

Sashka Saravin

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Atrapado


Abdel se levantó una mañana como tantas otras al escuchar los suaves y piadosos desgarros del silencio que profería Saul, el gran orador de la mezquita…

” Honorabilidad y Responsabilidad, eso les abre toda las puertas”

Era una voz relajante, tranquila, que estiraba las palabras y emitía los sonidos fuertes de manera más melodiosa. Abdel caminó descalzo hasta una palangana que tenía preparada en una esquina. Se arrodilló se lavó las manos y la cara, y sin incorporarse y con las manos mojadas las frotó cuidadosamente sobre sus pies aguantando el equilibrio de su cuerpo sobre las rodillas. Algo difícil pero acostumbrado a hacerlo a menudo no le costó. Apartó la palangana estiró una tela que tenía detrás y avanzó dos pequeños pasos con las rodillas hasta posarse sobre la pequeña alfombra.


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El Final del Duelo


Hoy, ya no puedo definirlo. Pasó por la atración, luego por la aceptación, después por el conformismo, luego por el miedo. Después la angustia, la desilución…le sigue el daño, la bronca, la melancolía, algunos alientos de odio…

Hoy, no puedo ni describirlo. Ni en una palabra, ni en sonido, ni con una seña o un signo. No se porque busco ese espejismo otra vez, porqué busco si todo está más claro que mis lágrimas, que aún no brotaron, porque no asumen su derrota.

Hoy, perdí la cuenta de las veces que te dije adiós.

Hoy me di cuenta que no es necesario despedirme…

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