SOPA DE RELATOS

Encuentra al escritor que tienes dentro

¡Haz qué se callen!


-Siguiente -dijo la cajera.

La espera en la cola estaba matando a Daniel. Las vacaciones estaban ya aquí y eso se notaba en la abundante cantidad de gente. Era la una y medía y tan sólo disponía de media hora para comprar unos limpia parabrisas nuevos. Ana, su mujer, estaba preparando las maletas en casa mientras él hacía las comprar de última hora. La cola avanzaba a marchas forzadas y aún quedaba un matrimonio de ancianos por delante. El calor era asfixiante, y el aire acondicionado no parecía hacer nada.

-¿Van a pagar en efectivo o con tarjeta? -preguntó la cajera a sus clientes.

-En efectivo -respondía la mujer mayor.

Lentamente, tanto la mujer como el hombre, empezaron a contar moneda por moneda el importe exacto de su compra. Daniel miró su reloj, pensando en la bronca que con seguridad iba a regalarle Ana por su tardanza. La cajera miró al resto de clientes de la cola pidiendo perdón con la mirada.


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La Cadena 3ªParte


. Curiosamente, siempre que voy en tren me entra hambre, aunque el trayecto sea de quince minutos. Cuando bajamos le supliqué que fuéramos a cualquier hamburguesería para tener la barriga llena. Paramos delante del Burguer Paradisse, un pequeño establecimiento que había entre dos enormes tiendas de ropa.

El único foco lumínico en aquel sitio provenía de las estanterías donde cabía la mayor cantidad de bebidas alcohólicas que jamás había visto en mi vida. En el mostrador, un chico, cuyas rastas lo hacían igualito a Davis Jones, nos ofreció unos mojitos verdes que sabían a la limonada más agria:

-         ¿Qué coño es esto? – escupí cuando terminé de ingerir aquella basura:

-         Mejor que el sake – rió Aura, acompañada del chico:

-         Parece que tu amiga no está acostumbrada a tomar alcohol.

-         Lo de ella es más sake ¿Sabes?


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¿Dónde está Coral?


-¡Cuánto tiempo sin vernos amigo mío!

El hombre no aparentaba más de veinticinco años, iba muy bien vestido con un traje a rayas negras y grises, el pelo oscuro engominado hacía atrás. El despacho estaba iluminado en exceso, espacioso y lleno de cuadros y esculturas. Tras el gran escritorio de madera había una cristalera por el cual la ciudad se perdía en el horizonte. 

El otro sujeto de unos treinta cinco años, irrumpió de mal humor en la estancia. Vestía una chaqueta de pana marrón con unos vaqueros rotos. Cruzó la sala directo al sujeto trajeado.

-¿Dónde está Coral? -dijo el hombre de la chaqueta de pana asestando un puñetazo en la cara al joven trajeado.

El joven cayó de bruces en el escritorio. Escupió sangre sobre los documentos que se hallaban ordenados.

-¡Siéntate y no hables hasta nueva orden! -dijo mirando a los ojos de su agresor.


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extinta materia gris


apagado el ultimo cigarro, todo se hace negro, gris, oscuro… nada mas que una atisbo d eluz cualquier tipo de luz seria mejor que la de mi visor nocturno aun pienso en toda esa mierda de propaganda del ministerio de defensa y como estoy metido en un uniforme de camuflaje optico, montando guardia a 5000 kilometros de mi casa, mi cama, ella… nada mas que arena y calor en esta maldita tierra yerma, reflexioanndo en las horas muertas a dodne llevara esta guerra, a donde volveran a mandarme con todo el equipo; a que otro presidente derrocaremos y que nuevos recursos absorberemos como nuestros, libros y libros pasan por mi cabeza… todo con entradas dignas de ser enmarcadas en algun hall de fama.


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