Fiesta en el reino
Hoy es día de fiesta en el reino, así que me pongo mi mejor vestido y salgo en dirección a las murallas protectoras que rodean la ciudad alta. Cruzo el gran portalón, ahora abierto y vigilado por sendos guardas impertérritos, lanzas en mano, los cuales dejan escapar alguna mirada furtiva a las bellas mozas del lugar…
Las calles están llenas de puestos llenos a rebosar de verduras, fruta, carnes, conservas, frutos secos y otros manjares. También hay hierbas, especias y remedios de toda clase, cuyo aroma se mezcla con el de los alimentos, el olor de las calles y la multitud.
Las tenderas y los boticarios gritan a voz en cuello sus viandas y elixires, mientras suena el repiqueteo de un martillo sobre el yunque, dando forma a espadas y herraduras. A las afueras del castillo, en la plaza mayor, el bullicio abre paso a un grupo de hábiles saltimbanquis, formidables tragafuegos, graciosos enanos y poéticos juglares, todos con ropajes llamativos.







