ANTIGUA – 25 de Julio de 2009 (3ª DE 3)
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Óscar, sin decir palabra, fue hacia la cocina. Estaba hecho un asco: ojeras, la ropa raída, restos de vómito en su mejilla izquierda (y en el suelo de su cuarto). Ni siquiera nos miró a mí, que seguía observando toda la escena desde la puerta de mi habitación, ni a Olga, que estaba en el interior de la cocina. Puede que se hubiera enterado de lo que pasó durante la noche, ya que su cara era extremadamente seria. Olga, a la que podía ver desde donde estaba, tenía una expresión de miedo, sospecho que debido a que tenía los mismos temores que yo.



Mientras caminaba, miré al cielo; las nubes rojas se perdían en el horizonte nocturno, y aun así, la luna llena se veía hermosa…. Solo atiné a pensar una cosa: -Hm, que interesante-







