Una ventana abierta
Escudriño dentro y sólo veo una ventana abierta
por donde se cuelan una sonata de tubos de escape,
la soledad y el calor de una noche inacabable,
la ausencia de sus risas que, en exilio voluntario,
tiñen el verano de torcidas sombras y silencios,
mientras ahogan en olvidos el timbre del teléfono.
Tengo a mano la nicotina y una botella de ese licor
que anestesia mis recelos con su sabor ácido y fresco.
Ya sé que no es muy didáctico ni sano, ¡pero bueno!,
mañana será un nuevo día, renunciaré a la adicción
de fumar, de beber, de pensar…. A pensar no,
no creo que pueda.
Un hombre fuma un cigarro prohibido en un balcón,
mientras un autobús perturba esta falsa claridad
envuelta en farolas de luz mortecina y cielo de hormigón.
Yo sigo jugando al despiste con el sueño para evitar
una cama vacía en la que aun dormita tu olor.







