EL AVISO – PARTE 2
Andrés se dejó caer sobre las crujientes sábanas de la cama, en la pequeña habitación a la que le había conducido aquel anciano. No podía dejar de pensar en lo que acababa de ocurrir. Miró por la ventana que había a su izquierda, como había hecho antes en su coche. Aún llovía con fuerza… “¿Lleva 23 años muerta? Pero… yo la vi… me habló…”
Tuvo que ponerse la chaqueta, aún húmeda, que había colgado al entrar sobre una silla situada cerca de la puerta; de repente, había comenzado a hacer mucho frío allí dentro. Andrés examinó la estancia, para asegurarse de que el aire no pudiera entrar por ningún resquicio. Era extraño, sólo había dos ventanas, la que ya había visto y la del pequeño cuarto de baño, y ambas estaban totalmente cerradas. No había ninguna rendija más que la corriente helada del exterior pudiera atravesar.







