ANTIGUA – 25 de Julio de 2009 (2ª DE 3)
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Son más o menos las 11 de la mañana, y llevo como una hora despierto. Me ha despertado Olga, que, como he dicho, estaba durmiendo conmigo. Me despertó con sus sollozos, pues estaba a los pies de mi cama, vistiéndose, y llorando. Parecía reprimir sus lloros, por lo visto para no despertarme, pero al intentar retenerlos le salían aún con más angustia. Me desperté repentinamente y asustado, pues no me esperaba algo así. No es que sea un experto en mujeres, y rara vez pasa lo de esta noche, pero desde luego, nunca había logrado que lloraran. Me acerqué a ella, quien no parecía haberse dado cuenta de que me había levantado. Aún se estaba poniendo la camiseta. La rodeé con mi brazo y la besé en la mejilla, que estaba empapada y sabía salada. Intenté calmarla. Como sospechaba que seguramente yo había hecho algo mal, me sentí culpable, y pregunté miedoso:


Mientras caminaba, miré al cielo; las nubes rojas se perdían en el horizonte nocturno, y aun así, la luna llena se veía hermosa…. Solo atiné a pensar una cosa: -Hm, que interesante-





