Recuerdos de familia (prólogo)
Cuando Eduardo –o Eddie para los amigos– salió a recoger el diario al porche de la casa vio a Roberto, su vecino, y se sintió inmensamente conmovido por su situación. Después de todo habían sido vecinos por mucho tiempo y para el viejo era el hijo que nunca había tenido. Había perdido a su familia unos meses atrás en un accidente de tránsito que había obtenido una mención de diez segundos en un noticiero del pueblo y “el más sentido pésame” del conductor, que inmediatamente después ponía en su maquillada cara una la típica sonrisa de presentador para hablar del nuevo zoológico que abriría en… bueno eso no importa. Y el funeral había sido igual si no más trágico que la muerte de su familia: nadie se había presentado, excepto Eddie.








