SOPA DE RELATOS

Encuentra al escritor que tienes dentro

Oʇhǝr Sıdǝ.


Los últimos haces de luz jugueteaban en la pared de pintura plástica de aquel diáfano salón, bailando los colores y avivando el olor a recién pintado que inundaba el el piso que había rentado Fabián, allí, en el 53 de la calle Bailén.

Miraba absorto la danza casi faérica de las luces al pasar a través de las lágrimas acristaladas de la araña del techo. Observaba desde un colchón tumbado en el suelo, embriagado por el aroma fiero pero seductor del blanco Alaska de Bruguer.

A pesar de que la mudanza había sido dura, sentía que ya podía declararse independiente; al menos según el “tratado de Valençay paterno-filial” que prometía a Fabián soberanía en su territorio. Sabía que sería violado al principio y que sus padres harían una tentativa de ocupación. Controlaría la situación, les demostraría cuando viniesen dentro de unos tres días lo bien que se las apañaba y lo decente que estaba todo.
Algo sonó como un graznido de algún pájaro metálico. Sobresaltó a Fabián; era la primera vez que oía el timbre.


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