DIARIO DE UN CONDENADO PARTE 2
-¡No quiero morir!- Gritaba el hombre- ¡Padre! ¡PADRE!- Se dirigía al cura al que debía haberse confesado…-¡Júreme la existencia de Dios! ¡Por favor! No quiero morir… No quiero…- El sacerdote contrajo la cara y salió de la habitación, pero el chico no lo supo, pues ya le habían puesto una bolsa alrededor de la cabeza, y le colocaban la soga, a lo que respondió con un brutal grito, que pude escuchar antes de cerrar los ojos para no ver su caída.
Al parecer murió de una rotura del cuello, y creo que tuvo suerte, pues no quisiera yo mañana sentir las agonías de la asfixia…


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