SOPA DE RELATOS

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Drâculea – Capítulo I_El Camino de las Estrellas (Parte 2)


Otro aullido de dolor desgarró la niebla. Era el segundo día que Shelene sufría una agonía que no le daba tregua. Desde el patio, sólo podía entrever el resplandor del fuego que calentaba su estancia. El resto era oscuridad; la oscuridad propia de los meses más fríos, donde la bruma es la señora de nuestra visibilidad y en la que los ancianos soportan fuertes dolores en los huesos.

Randu, más preocupado por mi futura descendencia que por la salud de mi esposa, le había cedido el cuidado de su médico personal; un matasanos más letal que las sanguijuelas que utilizaba para sus sangrías. Presumía de haber sido el que había explicado a mi padre cómo depurar la técnica del empalamiento para aumentar el dolor de sus ajusticiados. Tal currículum me hacía temer lo peor. El último alarido de Shelene, acompañado por sus sollozos rotos, me hizo perder la compostura que me quedaba.


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Drâculea – Capítulo I_El Camino de las Estrellas (Parte 1)


Mi nombre es Vlad, de la Casa de Basarab. Soy príncipe de Valaquia y futuro Voivoda de mi país, aún bajo el yugo del poder Otomano. Mi padre fue Vlad III, y aunque no le conocí, me han contado mucho acerca de él; sus actos como Voivoda y las luchas por la independencia de su reino.

Randu, mi tío, se encargó de mi educación como miembro de la nobleza y fue él quien me contó los métodos de mi padre al aplicar justicia. La crueldad de sus actos le hizo ganarse el sobrenombre Tepes, El Empalador. Se deshizo de sus enemigos de forma radical, y acabó con la pobreza en Valaquia eliminando el problema de raíz, y el temor del pueblo es aún tan notable a pesar de su muerte, que sólo mi nombre produce espasmos de pánico. Él, hijo de Vlad Dracul, había demostrado que contenía la maldad del Demonio en su sangre; la misma que corre por mis venas. Heredero del poder Drăculea, nadie ha dudado en esperar de mí, atrocidades como las de mi padre. Privado del amor de mi madre por su temprana muerte, sólo me quedó el cariño de mi tío. Se esforzó en dotarme de una moralidad basada en el cristianismo y en el respeto y cuidado de mis futuros súbditos. Alentado por el Sultán otomano, me casó pronto con Shelene, una bella joven de bondad infinita, para completar la falta de amor.


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ANTIGUA – Un Día Después del Salto. 26 de Julio (3ª de 3)


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Anduvimos durante una hora más o menos hasta que encontramos un jabalí. Jolín, que ya empezaba a reponerse del susto, había empezado, como es habitual en él, a quejarse del calor, los mosquitos, que eran alarmantemente numerosos e insistentes, y lo absurdo de la situación. Pero cuando vio el jabalí, un bicharraco enorme, se quedó mudo al instante. El animal, que tenía pinta de estar bastante alejado de su madriguera, o lo que sea que pueda ser el hogar de un cerdo así, también se asustó con nuestra presencia, lo que me alivió bastante. El puerco salió corriendo en dirección contraria a nosotros, gruñendo como un loco y aplastando todo matorral que se encontraba a su paso, dejando un claro sendero de huida.


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La luz en la oscuridad puede ser más oscura (3 de 5)


Parte 2 aqui

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Dio una leve sonrisa a su hermano y una palmada en la espalda a Carlos.

Al perderse en los pasillos de la tienda, seguido por la mirada de Carlos, Mauricio se lanzó con apremio a cerrar la puerta y atravesar el seguro.

- Me siento alagado pero conoces mis gustos, además….

- Cállate, sólo cállate.

Carlos se sorprendió, no creía que su comentario había sido tan molesto, además creía que Mauricio tenía sentido del humor.

- Oye disculpa, era un mal chiste…

- Tienes que escucharme muy bien. Esta conversación queda entre tú y yo, si le comentas a Roberto le diré que estas mintiendo, ¿entiendes?

- Si pero…

- Por una vez en tu vida ESCUCHA.

- Claro, dime.


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El último relato (2 de 2)


Parte 1 aquí

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- Mi corazón golpeó con violencia cuando vi una zarpa surgir de la figura oscura, se estiraba… se estiraba y venía a mi rostro. Sus dedos, largos y pútridos se movieron con velocidad, tomo mi frente y aseguro mi cabeza con sus pezuñas, con el tacto baboso de su palma, abrió mi mente de par en par. Pude ver como brotaban mis más profundos sentimientos, los miedos que había ocultado y como ÉL o ESO disfrutaba. Giraba su cabeza de placer, me recordó a Susana cuando tenía un orgasmo, se veía hermosa. Él sabía cómo se veía, él quería… que lo viera igual. En uno de esos movimientos, su cabeza perdió la capota que lo cubría, y pude ver el fin del mundo en un agujero negro y perdido.


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ANTIGUA – Un Día Después del Salto. 26 de Julio (2ª de 3)


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En definitiva, que íbamos camino del metro, cuando de repente todo se puso negro. Cuando digo que todo estaba en negro, me refiero a que no veía nada. Miré a mi alrededor y no podía ver nada, ni a Jolín, ni los árboles, ni la acera, ni la carretera, ni el profesor, ni Lidia la friki. Me había quedado completamente ciego. Instintivamente, grité y me agaché. Estaba muerto de miedo. Recuerdo la sensación de cerrar y abrir los ojos, y percibir lo mismo. El sudor helado que me recorría la espalda me provocó un escalofrío. Grité. Grité y no oí respuesta. Es más, no oía ni mi voz, ni los pájaros, ni los coches. Seguía agachado y estiré mi brazo hacia donde intuí que estaba Jolín. Palpé su pelo. Jolín estaba, como yo, agachado, o si no, no hubiera tocado su cabeza sino su cintura. Me acerqué a él y nos juntamos, sentados en el suelo, todo lo que pudimos. Sentí su mano temblorosa intentando agarrar la mía. La cogí con fuerza, aunque yo también estaba temblando, de puro pánico. Puse mi otra mano en el suelo y palpé lo que me pareció hierba, o hierbajos, más bien. Me pareció extraño, pues juraría que estábamos caminando por la acera. Al cabo de un segundo, mi vista y mi oído volvieron.


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ANTIGUA – Un Día Después del Salto. 26 de Julio (1ª de 3)


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UN DÍA DESPUÉS DEL SALTO. 26 DE JULIO

Está anocheciendo. No sé dónde estamos. Ahora mismo, Jolín, yo y dos personas más estamos a cubierto en una especie de refugio que nos hemos fabricado con ramas, como hemos podido. El crepúsculo es curiosamente oscuro, y se empiezan a ver muchísimas estrellas en el cielo. Estamos en una especie de bosquejo, aunque los árboles están bastante distantes los unos de los otros, y hay multitud de matorrales. A lo lejos se oyen ruidos de animales, que el silbido frecuente del viento logra apagar. Un escalofrío recorre mi cuerpo, de pies a cabeza. Me aprieto contra el calor de los demás como puedo.

Pero, dejando atrás durante un momento los horribles hechos presentes, me centraré en los pasados. Debería empezar desde el principio, o al menos desde donde lo dejé ayer, cuando quedé con Jolín en la biblioteca de la facultad. Fue ayer, y parece que han pasado semanas.


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La luz en la oscuridad puede ser más oscura (2 de 5)


Parte 1 aquí

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- Libro…bayetilla…

Su rostro se mostro melancólico, temiendo que volvería a suceder.

-Ah, sí… ¿Para qué lo quieres?

- Para Carlos, se lo había guardado.

La tristeza cambio por un sentimiento de tranquilidad opaca y a la vez piedad.

-Ah, lo dejé guardado aquí, bajo las escaleras en la caja fuerte.

- ¿Y para qué lo habías dejado ahí?

- Por seguridad…por la seguridad del libro. <Y la de nosotros, de ti especialmente>, pensó aclarando su garganta.

–Déjame sacarlo.

Con un poco de esfuerzo, se inclinó y giro la perrilla de la caja fuerte mientras Roberto repetía en silencio los números. La sacó fácilmente y la puso bajo su brazo izquierdo, además del libro, sólo guardaban un cofre con el dinero de la semana.


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Una noche, en una calle


Y lo que vio lo asustó tanto que quedo paralizado donde estaba. Una sombra se acercaba esquivando los tenues charcos de luz de las farolas de la calle con paso lento. Se detuvo, miró a ambos de la calle y acelero el paso. Era como un cazador midiendo a su presa, listo para atacar. Miguel intentó gritar, pero de su garganta no salió más que un silbido. El miedo oprimía su garganta y convertía sus piernas en bloques de cemento. No había escape.

Intentó tranquilizarse. Quizá no fuera nada, quizá fuera una persona que por pura casualidad también daba un paseo, a esa hora y en ese momento. Y la sombra como si escuchara sus pensamientos dio un paso dejando que las farolas lo iluminaran por completo revelando lo que a Miguel le pareció la cara de la muerte. Unos ojos enrojecidos, pero inteligentes, perspicaces, lo miraban directamente. Llevaba una chaqueta negra que dejaba ver la culata de un arma. Una torva sonrisa se empezó a dibujar en sus labios delgados, estiro sus delgados dedos y tocó el arma, su sonrisa se tornó a aun más malévola y sus ojos más perspicaces.


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La luz en la oscuridad puede ser más oscura (1 de 5)


Ser escritor es un oficio hermoso, pide corazón, un buen vocabulario y mucha disposición. Sin embargo, la inspiración, maestra de ceremonias de las palabras puede ocultarse ocasionalmente. Con el escenario adecuado, como una cena romántica de ideas, puede regresar en corto o mediano plazo, pero en algunas ocasiones es necesario acompañarla en el camino y demarcarlo para asegurar su pronto retorno.

Para algunos escritores como André Geant (era su pseudónimo…”para vender más libros” le dijeron sus editores, pero su nombre como trataba de que fueran sus obras, era muy colombiano, Carlos Alberto García), el camino estaba marcado por los libros de su escritor favorito, al menos hasta la publicación de su décima novela, la cual había sido el resultado de un esfuerzo casi sobre humano. No la había disfrutado mucho y había dudado más que sobre cualquier otra cosa que hubiese hecho en su vida.


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