Drâculea – Capítulo I_El Camino de las Estrellas (Parte 2)
Otro aullido de dolor desgarró la niebla. Era el segundo día que Shelene sufría una agonía que no le daba tregua. Desde el patio, sólo podía entrever el resplandor del fuego que calentaba su estancia. El resto era oscuridad; la oscuridad propia de los meses más fríos, donde la bruma es la señora de nuestra visibilidad y en la que los ancianos soportan fuertes dolores en los huesos.
Randu, más preocupado por mi futura descendencia que por la salud de mi esposa, le había cedido el cuidado de su médico personal; un matasanos más letal que las sanguijuelas que utilizaba para sus sangrías. Presumía de haber sido el que había explicado a mi padre cómo depurar la técnica del empalamiento para aumentar el dolor de sus ajusticiados. Tal currículum me hacía temer lo peor. El último alarido de Shelene, acompañado por sus sollozos rotos, me hizo perder la compostura que me quedaba.







