La Voz (parte I)
(Trece trece trece TRECE ¡trece!) ¿¡Qué!? El grito resonó en su cerebro como si tuviera un altavoz adherido a su tímpano. Miró a su derecha, sobresaltado y constató que su mujer seguía durmiendo tranquilamente sobre la cama. Al parecer no la había despertado con el grito final de su ¿pesadilla?. “He debido de gritar aún en sueños. Qué
(trece)
raro”, estaba pensando cuando aquel dolor volvió a atacar sus sienes. Maldita sea, sentía como si la cabeza le fuera a estallar. Decidió ir a la cocina a por un vaso de agua, echar una meada y volver a la cama. Miró el reloj de la mesilla, a su izquierda. Eran las dos y trece minutos de la noche. “Vaya, qué curioso”. Con cuidado de no mover demasiado la sábana, sacó una pierna y puso el pie en el suelo. La habitación matrimonial que compartía con su recién adquirida (esclava) mujer era pequeña, muy pequeña. La cama, de








