Nada tiene… (Parte 1)
—Es lo mismo —dijo con temple de caballero.
—¡Voy a cantar! —le respondió su amigo.
—¿A cantar qué?
Elevó la voz al cielo haciendo caso omiso de su compañero de viaje. El retumbar en la lejanía de las montañas les devolvió el eco de sonidos. Llevaban varias semanas fuera y por primera vez, ambos sonreían.
—Va siendo hora de volver, ¿no?
—Digo yo que sí —y siguió canturreando, mientras los dos bajaban la ladera.
Cuando llegaron al coche, se percataron de que estaba hecho polvo. Todas las puertas abiertas, las lunas rotas, las ruedas pinchadas y parecía haber sido víctima de un incendio.
—¡Me cago en la hostia puta!
—¡¿Pero qué ha pasado aquí?!
Ambos dejaron la mochila en el suelo, atónitos. Entonces tres perros salieron de detrás de los restos del vehículo y corrieron ladera arriba a una velocidad asombrosa.







